¿Qué entendemos por valentía? En ocasiones, se manifiesta a través de actos heroicos, como escalar una montaña imponente, mientras que en otras circunstancias, puede ser algo más cotidiano, como someterse a un análisis de sangre a pesar del miedo a las agujas o dejar atrás algo que no se alinea con nuestros principios. Este valor se desarrolla desde la infancia.
“La valentía no tiene sentido si no se orienta hacia el bien. Se trata de la determinación de hacer lo correcto, incluso en presencia del miedo, el dolor o el riesgo de una gran pérdida. ¿Cómo se relaciona entonces la valentía con el miedo? El miedo humano no se limita a amenazas físicas; a veces, implica el temor a perder lo que más valoramos, a perder tiempo o energía”, señala el psicólogo Jorge Cantero durante una charla del programa Aprendamos juntos, de BBVA.
Cantero establece una analogía y afirma que la valentía no consiste en desenvainar una espada y afirmar: ‘Sí’. Más bien, ‘La valentía en la mayoría de las ocasiones se siente como un vacío en el estómago, donde cierras los ojos y piensas: ‘Ay, Dios mío. No puedo decir que no’. Y algo en tu mente te advierte: ‘No sería prudente rechazarlo’, porque podrías generar un problema mayor, decepcionar a alguien, herir a alguien o limitar tu propio potencial”, explica el especialista.
“La valentía implica estar dispuesto a dialogar con el miedo”, afirma Cantero. Es posible desarrollarla, pero requiere dedicación, constancia y la decisión diaria de enfrentar algo que resulte ligeramente incómodo o inconveniente. Hay que aprender a tolerarlo, respirando y manteniendo la calma, mientras se establece una relación con ese miedo”, añade.
¿Cómo es posible manejar el miedo?
Byron Bran, experto en desarrollo humano y educación familiar, resalta que para comprender la valentía, es fundamental reconocerla como una virtud. ¿Qué entendemos por virtud? Es un hábito que nos impulsa a actuar de manera correcta. “Las virtudes son hábitos que se pueden enseñar. Generalmente, no aparecen solas, sino que se presentan junto a otras virtudes para funcionar adecuadamente”, explica.
La valentía implica realizar acciones a pesar del miedo. Este último es un aspecto natural en los seres humanos, parte de nuestra constitución y herencia genética, describe Bran.
Desde la perspectiva de la neurociencia, nuestro cerebro se divide en tres partes, y una de ellas es el cerebro reptiliano, que regula las funciones instintivas como la respiración, el hambre y la sed. También incluye el instinto de supervivencia: huir ante el peligro, defenderse o esconderse. Por lo tanto, el miedo es una parte intrínseca de nosotros, y no podemos eliminarlo, comenta Bran.
Surge entonces la pregunta: ¿cómo actúan las personas valientes? “Si la valentía es una virtud —un hábito que nos guía—, significa que aprender a controlar el miedo es parte del proceso educativo”, dice Bran.
Yesid Barrera, administrador de empresas con un posgrado en Conciliación y Resolución de Conflictos, enfatiza que debemos comprender que venimos al mundo con una biología, heredada de nuestros padres. El ser humano requiere tiempo para desarrollarse y enfrentarse a diversas experiencias.
Desde investigaciones como las de Darwin en el siglo XIX, se ha reconocido el miedo como una emoción biológica. Todos experimentamos miedo, y sin él, podríamos actuar de manera imprudente: saltar de un edificio o ponernos en situaciones de peligro constante.
Así, se establece una relación fundamental: la valentía depende del miedo. Sin la existencia del miedo, no habría valentía.
El miedo es una emoción natural que desencadena tres respuestas inmediatas:
- La huida: salir corriendo o evitar la situación
En el mundo laboral esto se ve mucho: personas que evitan reuniones, que no enfrentan al jefe o incluso que “se enferman” para no ir a trabajar - La parálisis: quedarse congelado
Como cuando alguien intenta asaltarlo y no puede reaccionar - La reacción: enfrentar la situación
Aquí es donde aparece la valentía
La valentía es una habilidad que se construye. No venimos al mundo con ella. Si así fuera, reaccionaríamos desde la infancia ante cualquier situación. Sin embargo, lloramos como respuesta natural.

Los hábitos se forman no en días, sino a través de la repetición. El cerebro aprende mediante la práctica, continúa Barrera. “Aquí interviene un neurotransmisor clave: la dopamina, que genera una sensación de bienestar al realizar algo positivo”, añade.
Por ejemplo, hay pequeñas acciones que fomentan la valentía, como asistir al gimnasio, aunque resulte un desafío, y modificar gradualmente hábitos que benefician al organismo.
La amígdala (relacionada con el miedo) y el hipocampo (vinculado a la memoria) interactúan de manera constante. Cuando se activa un recuerdo, puede provocar miedo de forma automática.
Por esta razón, es crucial trabajar en la neuroplasticidad, que es la capacidad de modificar esos patrones.
Barrera menciona que existen diferentes tipos de valentía:
- Valentía emocional: expresar lo que se siente
Aquí, en general, las mujeres tienen ventaja, porque expresan más - Valentía moral: actuar con ética
Aquí estamos muy confundidos como sociedad
Se ha popularizado la idea de que “el vivo vive del bobo”, lo que normaliza comportamientos inapropiados, afirma Barrera. Sin embargo, señala que la verdadera valentía moral consiste en actuar de manera correcta, incluso cuando no hay testigos.
Por ejemplo:
- Devolver un objeto perdido
- Actuar con honestidad
- No aprovecharse de otros
Eso es lo que el mundo necesita: “valientes éticos”, concluye.
No siempre se necesita ser valientes
André Armas, neurocoach de vida, bienestar y reingeniería emocional, invita a definir la valentía y cómo la enfrentamos en la vida diaria.
“Es la capacidad de actuar con firmeza y decisión para alcanzar metas y enfrentar retos, gestionando el miedo”, dice, pero en la actualidad la pregunta clave es: ¿por qué necesitamos ser valientes?
En coaching, muchas personas dicen que quieren ser mejores, más exitosas, más reconocidas. Pero cuando se les pregunta “¿por qué?”, ahí empieza lo interesante. La pregunta no es solo cómo ser valiente, sino qué hay detrás del miedo, comenta Armas.
En lugar de obligarnos a “ser valientes”, deberíamos preguntarnos:
¿Qué estoy pensando?
¿Qué estoy sintiendo?
¿Cómo estoy actuando?
Eso es autoconocimiento. Muchas veces la sociedad nos condiciona: “Si tienes miedo, sé valiente”. Pero no nos enseñan a mirar lo que pasa dentro, comparte. “Si no hago ese proceso interno, solo reacciono. Si lo hago, comprendo mi experiencia interna y actúo desde otro lugar”, explica.
“Pensemos en una pareja que espera un bebé y recibe la noticia de que tendrá una condición médica compleja. La reacción común sería: ‘Tienen que ser valientes’. Pero eso ignora lo que sienten: miedo, ansiedad, incertidumbre”, dice Armas.
Si no gestionan esas emociones, sus decisiones estarán condicionadas por el miedo. Si las gestionan, pueden aceptar la situación, vivirla con mayor calma y actuar con mayor claridad, describe el neurocoach. Ahí no necesitan “ser valientes”, sino estar presentes y conscientes.
El experto describe que estamos evolucionando. Antes seguíamos conceptos: “Debo ser valiente”; ahora el enfoque es: “Debo conocerme”, y esto lleva a la libertad interior.
Las herramientas clave para hacer esa introspección son:
- Meditación (autoindagación)
- Visualización
- Afirmaciones
- Respiración consciente
Gracias por acompañarnos hasta el final de esta historia.
Desde Referente Guatemala Creemos que la información también nos ayuda a comprendernos mejor como sociedad y a observar con mayor atención lo que ocurre a nuestro alrededor.








