Espinoza, de 52 años, ha atravesado numerosas cirugías, tratamientos de quimioterapia e inmunoterapia, entre otros procedimientos médicos.
Además, participó en ensayos clínicos en Estados Unidos, pero el cáncer volvió a aparecer cuando las opciones de tratamiento se estaban agotando.
Después de ser evaluada por expertos, fue referida al Cleveland Clinic Weston Hospital en Florida (Estados Unidos), donde un equipo multidisciplinario concluyó que la mejor opción para su tratamiento era un trasplante de hígado con un donante vivo, en este caso, un familiar compatible que estuviera dispuesto a donar para evitar las demoras que conlleva esperar un donante fallecido.
El Centro de Trasplantes de Cleveland Clinic es uno de los principales centros para trasplantes de corazón, riñón e hígado en el sur de Florida, y uno de los pocos en el estado que cuenta con programas de donante vivo tanto para trasplantes renales como hepáticos.
Hasta la fecha, el centro ha realizado 1.686 trasplantes de riñón, 712 trasplantes de hígado y 384 trasplantes de corazón.
“Al enterarme de que había una posibilidad de un trasplante, me sentí emocionada porque significaba una oportunidad para seguir con vida”, recordó Espinoza.
De acuerdo con la Red Unida para el Intercambio de Órganos (UNOS, por sus siglas en inglés), cada año en Estados Unidos, aproximadamente 3.000 personas fallecen o sufren enfermedades graves mientras aguardan un trasplante de órgano.
El proceso de donación
Sofía, de 31 años, y Santiago, de 26, los hijos de Espinoza, se ofrecieron como posibles donantes, y tras una evaluación médica y psicosocial, el joven fue seleccionado como el donante compatible.
“Tuve mis dudas, quería asegurarme de que mi hijo estuviera bien. Incluso, busqué una segunda opinión en Costa Rica, pero para Santiago nunca hubo incertidumbres: quería ayudarme”, compartió Espinoza.
Antonio Pinna, director del Centro de Trasplantes Abdominales y del programa de Trasplante Hepático con Donante Vivo de Cleveland Clinic Weston, explicó que la evaluación de un donante es un proceso riguroso que comienza con análisis de sangre para determinar la compatibilidad e incluye pruebas para examinar la anatomía del hígado.
Asimismo, destacó que la evaluación psicosocial del donante es tan crucial como la médica.
“Queremos asegurarnos de que la persona comprenda los riesgos y beneficios de donar, que tome la decisión de manera voluntaria y que cuente con el apoyo emocional necesario durante su recuperación”, comentó.
El trasplante se llevó a cabo en marzo y, aunque la recuperación de Carolina fue complicada debido a los procedimientos médicos anteriores y las limitaciones en el manejo del dolor, fue exitosa al igual que la de Santiago.
“Ver a mi hijo dispuesto a someterse a una cirugía para salvarme la vida fue algo indescriptible”, afirmó Espinoza, quien ahora disfruta de una calidad de vida que parecía inalcanzable durante los años más difíciles de su enfermedad.
Nuevas oportunidades
Espinoza confesó que su caso fue tan complicado que en ciertos momentos “ni los médicos pensaban que llegaría hasta aquí”, pero siempre mantuvo su deseo de vivir y de compartir con su familia.
Pinna, por su parte, alentó a los pacientes que esperan un trasplante de hígado a mantener la esperanza e invitó a aquellos que consideran ser donantes en vida a informarse sobre el proceso y contactar a especialistas.
Según estadísticas de UNOS, actualmente hay alrededor de 14 mil personas en Estados Unidos en lista de espera para un trasplante de hígado.
“Los avances en este campo han permitido ayudar a más pacientes que nunca y la donación en vida se ha convertido en una opción que puede reducir los tiempos de espera y salvar vidas”, concluyó Pinna. Meses después de su trasplante, Carolina se siente optimista y agradecida por cada momento con su familia y espera que su historia genere conciencia sobre la importancia de la donación en vida.
Gracias por acompañarnos hasta el final de esta historia.
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