Se encuentra en roedores salvajes, como ratas y ratones. A nivel global, se han identificado más de 50 cepas, cada una vinculada a una especie de roedor particular.
El término ha cobrado relevancia recientemente tras la detección de la cepa Andes del hantavirus en dos individuos que fueron evacuados de un crucero.
“En la región de América Latina, la cepa más reconocida y peligrosa es la cepa Andes, que es común en Argentina y Chile, destacándose por ser la”, comenta Nancy Sandoval, médica internista e infectóloga.
Esta cepa tiene la capacidad de afectar los pulmones y causar el síndrome pulmonar por hantavirus, el cual puede alcanzar una tasa de mortalidad superior al 35%.
De acuerdo con la especialista, los síntomas iniciales pueden ser confundidos con una gripe severa o gastroenteritis, ya que una persona infectada puede experimentar fiebre alta, escalofríos, dolores musculares intensos, cefalea y, en algunos casos, síntomas gastrointestinales.
“Es importante estar alerta si el paciente presenta dificultad creciente para respirar, sensación de asfixia o falta de aire, ya que puede entrar en estado de choque en pocas horas. Los pulmones se llenan de líquido, lo que se conoce como edema pulmonar, y el corazón puede fallar o detenerse. Este deterioro puede ser tan veloz que en 24-48 horas un paciente que ‘solo tenía fiebre’ necesita ventilación mecánica y atención en un área crítica”, aclara.
Los pacientes pueden sobrevivir con el tratamiento adecuado en un hospital, aunque no existe un medicamento específico que elimine directamente el virus.
“La infección por hantavirus no puede ser tratada en casa y, una vez que se establece el diagnóstico o se considera un caso sospechoso, es necesaria la hospitalización. En los casos moderados o severos, se debe ingresar a una unidad de cuidados intensivos”, afirma Sandoval.
Añade que el tratamiento tiene como objetivo mantener al paciente con vida mientras su sistema inmunológico combate el virus, dado que no hay un antiviral específico aprobado.
“En ocasiones se utiliza oxígeno suplementario y, en situaciones graves, ventilación mecánica para reemplazar la función pulmonar; manejo cuidadoso de líquidos para controlar el edema pulmonar sin sobrecargar el corazón; estabilización hemodinámica para tratar el choque circulatorio con medicamentos vasoactivos y, definitivamente, monitoreo continuo de la función cardíaca, renal y respiratoria en una unidad de cuidados intensivos”, detalla.
Sandoval señala que la tasa de mortalidad del síndrome pulmonar por hantavirus en América Latina varía entre el 30 y el 40%, pero esta cifra mejora considerablemente cuando el paciente es atendido de manera temprana en una unidad de cuidados intensivos bien equipada o en centros especializados con experiencia en el tratamiento de esta enfermedad.
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