Pamela López se desempeña como ingeniera en sistemas. Ha realizado diplomados en Astronomía en la Universidad Galileo y, además, comparte con su hijo David López, de 11 años, el asombro por el universo, viviendo juntos esta experiencia como compañeros de aprendizaje.
Cuando se le pregunta sobre el impacto de la astronomía en sus vidas, ella menciona que comprender lo que observamos y maravillarse de que el universo esté tan al alcance de la vista es algo extraordinario.
“Es como contemplar un rompecabezas que ha sido ensamblado por una entidad superior a nosotros, donde cada pieza tiene un significado en nuestra existencia”, aclara.
López ha promovido varios eventos para acercar la astronomía a los niños en Guatemala. Diferentes organizaciones han llevado a cabo actividades relacionadas con el espacio, entre ellas la Asociación Guatemalteca de Ingeniería y Ciencias Espaciales (AGICE), NINE Hub Guatemala, la Asociación Guatemalteca de Astronomía (AGA), Telescopios Guatemala, la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales, Aqaa Astronomía Quetzaltenango, la Asociación Científica de La Antigua Guatemala – Acagua, Ignite y el Club Constelación Quetzal, por mencionar algunas.
Otro destacado promotor de la observación que ha llevado la astronomía al ámbito del astroturismo es Sergio Montúfar. Ha sido nominado a varios premios y reconocimientos, como los Siena International Photo Awards 2025, y fue galardonado como Milky Way Photographer of the Year 2025.
Es un referente en el campo de la astrofotografía. Comenzó a capturar imágenes en 2011 con una cámara prestada y ha participado en la elaboración del Plan Estratégico de Turismo Astronómico de Guatemala. También desarrolló un manual de buenas prácticas para el turismo astronómico.
“Ver la reacción de un niño la primera vez que observa a través de un telescopio es asombroso. Sus expresiones, su asombro, sus sonrisas y, sobre todo, sus preguntas son lo que nos impulsa a seguir”, comenta sobre su labor de acercar la ciencia a los más jóvenes.
Sostiene que, como seres humanos, hemos perdido la curiosidad y la capacidad de asombro, lo que afecta nuestra habilidad para investigar, ya que hemos dejado de formular preguntas, lo cual es perjudicial para la sociedad, ya que no avanzamos.
“Las pantallas nos obligan a mirar hacia abajo y nos impiden contemplar una noche despejada”, afirma la madre apasionada por el espacio.
“El confinamiento es nuestra prisión de concreto”, añade el joven David, quien recientemente logró un nuevo hito al ganar una medalla de oro en las Olimpiadas de la Ciencia de Greenwich por escribir una historia sobre una bacteria que se desarrolla en Marte.

Sin embargo, estar enclaustrados no es la única limitación. Pamela López señala que la inseguridad y el ritmo acelerado de vida impiden que tengamos la oportunidad de detenernos, salir y mirar hacia el cielo.
¿Puede la observación del cielo ayudar a reducir el estrés y la ansiedad?
La observadora Pamela López menciona que mirar el universo es una manera de activar todos nuestros sentidos.
“Observar el cielo no solo relaja nuestra vista, sino también nuestros pensamientos. Tomarse un momento para nosotros y reflexionar sobre lo que existe y lo que podría existir nos ayuda a salir de nuestra zona de confort y enfocarnos en soluciones”, añade.
Observar el cielo en familia fortalece los lazos, ya que podemos dialogar sobre lo que vemos, investigar juntos y, sobre todo, soñar juntos, afirma la también madre.
Al preguntarle a López qué sugiere para volver a mirar el cielo, responde que apaguemos las luces al menos una vez al mes y que todos colaboremos en reducir la contaminación lumínica.
“De este modo, ese cielo seguramente nos sorprenderá cada vez más, tal como lo hacía con nuestros ancestros, los mayas, pioneros de la astronomía”, destaca.

(Foto : Sergio Montúfar (Parque Nacional Tikal/Ministerio de Cultura y Deportes)).
Por su parte, Edgar Castro comenta que “observar el cielo nos ayuda a poner en perspectiva nuestros problemas. Cuando contemplamos la inmensidad que nos rodea, comprendemos que nuestras preocupaciones pueden no ser tan graves como pensamos. Por ejemplo, perder un examen puede ser frustrante, pero no es el fin del mundo; no vale la pena perder el sueño por ello, sino buscar una solución y actuar”.
Castro es director del Instituto de Astronomía de la Universidad Galileo y miembro de la Unión Astronómica Internacional. Para él, al observar nuestros problemas desde la escala del universo, nos damos cuenta de que somos seres diminutos en un punto de polvo en el vasto espacio. Esto no implica restar importancia a nuestras responsabilidades, sino darles su adecuada dimensión. Al verlos de esta manera, uno se siente más tranquilo, disminuye la ansiedad y puede encontrar con mayor claridad un camino a seguir.
Hay una nueva generación de adolescentes interesados en el cielo. Se caracteriza por su uso constante de la tecnología. Están mirando sus celulares todo el tiempo, y es a través de esas pantallas donde deben aprender.
Hoy en día existen programas de astronomía y aplicaciones que, al apuntar el teléfono hacia el cielo, permiten identificar constelaciones. Al seleccionar una estrella, la aplicación ofrece una gran cantidad de información; mucho más de la que teníamos hace 40 años, señala Castro.
“Nos hemos desconectado del cielo. Hoy en día, si usted va a un restaurante, observa una clase o habla con un adolescente, nota que siempre están viendo el celular. Ya no se fijan por dónde sale el sol; no les interesa. Yo me he preguntado por qué, y la respuesta es porque ya no lo necesitan: el celular les proporciona toda la información, dice Castro. “Si quieren, le preguntan a la inteligencia artificial a qué hora salió el sol hoy, cuál es su declinación, etcétera. Todo eso se lo da el teléfono en segundos. Sin embargo, el hecho de sentarse a contemplar las estrellas no tiene comparación. No hay pantalla que permita experimentar la sensación de ver la inmensidad y quedarse reflexionando: ¿quiénes somos?, ¿por qué estamos aquí?, ¿habrá más como nosotros?, ¿hasta dónde llega el universo? Todas las grandes preguntas de la humanidad surgen precisamente cuando uno mira hacia el cielo”, agrega el experto.
Preparar una actividad en familia
Sí, la astronomía tiene un enorme potencial como actividad familiar, pero requiere involucrar a los niños desde muy pequeños, comenta Castro. Lo que un niño aprende a los tres, cuatro o cinco años al mirar el cielo —ya sea identificando estrellas, la Nebulosa de Orión o la Osa Mayor— lo acompaña toda la vida. En cambio, si esperamos hasta la adolescencia para mostrarles este mundo, resulta más complejo despertar su interés, pues ya están absorbidos por la rutina y sus propias prioridades, dice Castro.
Convertir la astronomía en un hábito familiar puede comenzar con una acampada para observar el cielo y compartir datos sencillos sobre cometas, meteoros y planetas. Esas experiencias desarrollan el pensamiento científico.
Como ejemplo, varios de los principales exponentes de la astronomía guatemalteca relatan que su fascinación nació gracias a que sus abuelos les enseñaban las constelaciones cuando eran niños, impulsándolos a seguir el camino de la ciencia.
Castro agrega que no se requiere un telescopio ni conocimientos profundos para conectar con el cielo nocturno. El simple acto de salir a observar ya constituye una experiencia imponente.

Se puede comenzar con nociones básicas y entretenidas, como identificar constelaciones. Las tres estrellas del cinturón de Orión son un excelente punto de partida por lo fáciles que resultan de localizar, al igual que la Osa Mayor, conocida en Guatemala por su forma de barrilete y visible durante todo el año.
Compartir datos simples, como que el movimiento aparente de las estrellas es en realidad el reflejo de la rotación de la Tierra, o hablar sobre la naturaleza de los cometas, resulta fascinante.
Un ejemplo de que la astronomía es accesible son las lluvias de meteoros: basta con colocar una manta sobre el césped, acostarse y observar cómo el cielo se llena de estelas luminosas. Es un espectáculo maravilloso que puede disfrutarse a simple vista.
El exceso de luz artificial reduce la cantidad de estrellas visibles y, en casos extremos, dificulta incluso la observación de los planetas más brillantes. Lo ideal es encontrar lugares despejados, alejados de la contaminación lumínica y que sean seguros.
“Los observadores del cielo necesitamos oscuridad, no luces artificiales. Algunos terrenos alejados de la ciudad, con permiso de los propietarios; alguna finca o una casa con un jardín amplio donde puedan apagarse todas las luces; o parques nacionales y privados donde exista seguridad y oscuridad”, agrega Castro.
¿Qué ver en el cielo de junio del 2026?
- El 9 y 10 de junio, a las 19 horas, observe hacia donde se pone el sol. Allí se verán tres luceros: Mercurio, Venus y, muy cerca, Júpiter. También estará la Luna. Todos estarán en la constelación de Cáncer y serán visibles a simple vista en el poniente.
- El 21 de junio ocurrirá el solsticio de verano. Se recomienda tomar una fotografía del amanecer para marcar el punto donde salió el Sol y compararla con otras tomadas el 22 de septiembre y el 21 de diciembre. Se sorprenderá al observar cómo el Sol cambia de posición sobre el horizonte.
- El 21 de junio marca el día más largo del año para los países del hemisferio norte y la noche más larga para los del hemisferio sur. También señala el inicio del verano.
- El 29 de junio, de 4.30 a 5.15 horas, podrán observarse en el oriente Marte y, más arriba, Saturno, acompañados por la Luna.
- Además, la Luna llena podrá observarse el 29 de junio y estará a 404,000 kilómetros de la Tierra.
Gracias por acompañarnos hasta el final de esta historia.
Desde Referente Guatemala Creemos que la información también nos ayuda a comprendernos mejor como sociedad y a observar con mayor atención lo que ocurre a nuestro alrededor.








