, y ,
Cualquiera que haya presenciado (1984) recordará la famosa escena del banquete en el palacio de Pankot. En este momento, los comensales hindúes degustan platillos que provocan náuseas tanto en los protagonistas estadounidenses de la película como en la mayoría de los espectadores: una sopa con ojos flotantes y, como punto culminante, un sorbete de cerebro de mono servido directamente del cráneo del animal.
Esta memorable escena ilustra de manera brillante uno de los fenómenos psicológicos más intrigantes de nuestra especie: el asco hacia la comida.
Desde una óptica evolutiva, no se trata de un simple capricho ni de una falta de educación, sino de un mecanismo de defensa esencial para nuestra especie. Conocido entre los científicos como el , esta aversión actúa como un escudo protector diseñado para impedir que ingiramos toxinas, bacterias, parásitos o sustancias patógenas que amenacen nuestra supervivencia.
No obstante, aunque la respuesta fisiológica básica () depende de la biología humana, los factores que provocan el asco están influenciados por la cultura.
Dime donde vives y te diré lo que te gusta
¿Por qué lo que resulta repugnante para una persona puede ser considerado un manjar por otra? Aquí es donde la investigación transcultural se vuelve crucial. Durante décadas, gran parte de los estudios en psicología se han enfocado en muestras de países (acrónimo en inglés para sociedades occidentales, educadas, industrializadas, ricas y democráticas). Sin embargo, limitar el estudio del comportamiento humano a una sola parte del mundo ofrece una visión distorsionada y reducida de nuestra verdadera naturaleza.
Investigar el asco alimentario a través de diversas naciones y culturas (como hicieron los autores de este artículo) permite a los científicos desentrañar qué elementos de esta emoción son biológicamente universales y cuáles son aprendidos socialmente.
Por ejemplo, mientras que en la mayoría de las naciones occidentales provoca un rechazo inmediato, en varias regiones de Asia, África y América Latina, este tipo de animales representa una fuente crucial, sostenible y cotidiana de proteínas. De manera similar, alimentos con olores extremadamente fuertes o con procesos de fermentación complejos, como el sueco (un arenque fermentado que no es del agrado de todos) o los quesos azules (muy apreciados en Francia o España), varían entre ser considerados delicadezas o sustancias tóxicas incomestibles dependiendo del lugar del mundo en el que nos encontremos.
Respuestas adaptativas
Estas preferencias, aversiones y tabúes alimentarios no son meras ocurrencias culturales arbitrarias, sino que están vinculadas a las condiciones ecológicas, económicas y demográficas de cada región. Por ejemplo, en existen especies de insectos grandes que son muy abundantes durante todo el año, lo que convierte su consumo en una fuente altamente eficiente de proteínas y grasas. Sin embargo, en el norte de Europa o América del Norte, son más pequeños, estacionales y escasos, por lo que nunca resultó beneficioso depender de ellos.
En el caso del consumo de ciertos alimentos con olores intensos (como esos arenques o quesos malolientes que mencionamos), la hipótesis principal es que (quienes comparten el gusto) y delimita la comunidad frente a los “extraños” que los rechazan.
Por lo tanto, la investigación transcultural nos demuestra que el asco no depende únicamente de las propiedades químicas del alimento, sino de los significados simbólicos, las normas sociales y la historia evolutiva de cada comunidad. Comprender estas variaciones es crucial en un mundo globalizado donde los hábitos alimentarios están cambiando rápidamente.
El vínculo con la neofobia alimentaria
El estudio del asco hacia la comida está íntimamente relacionado con otro concepto psicológico fundamental: la , definida como el miedo o la reticencia a probar alimentos nuevos o desconocidos.
La neofobia alimentaria se hace especialmente evidente durante la , coincidiendo con la etapa en la que los niños comienzan a ganar autonomía y a explorar su entorno a pie. En este periodo de desarrollo, el rechazo a lo desconocido actúa como un mecanismo adaptativo que previene que los pequeños ingieran alimentos potencialmente venenosos (por ejemplo, plantas o frutos silvestres). Sin embargo, esa protección infantil tiende a moderarse a medida que crecemos y nos exponemos a una variedad más amplia de sabores.
El asco, por supuesto, actúa como el principal motor de la neofobia. Cuando nos enfrentamos a un plato completamente desconocido, nuestro cerebro evalúa el riesgo enfocándose en la textura, el olor y el aspecto visual. Si el alimento no se ajusta a las categorías mentales de lo que nuestra cultura considera “comestible”, nuestra mente activa una señal de alarma en forma de aversión para prevenir el consumo.
Por lo tanto, : los entornos culturales con dietas más diversas y una mayor exposición a sabores complejos tienden a presentar niveles menores de neofobia en comparación con sociedades con dietas más homogéneas.
La importancia de comprender el asco en el siglo XXI
Comprender la interacción entre el asco, la neofobia y la cultura no es solo un ejercicio académico: tiene un impacto directo en el futuro de la alimentación global. Ante desafíos como el cambio climático y el crecimiento demográfico, la humanidad necesita diversificar sus fuentes de nutrición hacia alternativas más sostenibles, como las proteínas a base de o la .
El verdadero obstáculo para la adopción de estas nuevas tecnologías alimentarias rara vez es nutricional o gastronómico: es psicológico. Solo descentralizando la investigación y analizando las diferencias entre países podremos diseñar estrategias efectivas para educar el paladar, transformar prejuicios ancestrales y convertir lo que hoy nos parece un mero “seso de mono” en una opción alimentaria viable y aceptada.
, Profesor Titular del Departamento de Psicología Social y de las Organizaciones,y , Profesor en el Departamento de Psicología Social y de las Organizaciones,
Este artículo fue publicado originalmente en .
Gracias por acompañarnos hasta el final de esta historia.
Desde Referente Guatemala Creemos que la información también nos ayuda a comprendernos mejor como sociedad y a observar con mayor atención lo que ocurre a nuestro alrededor.








