Desde hace más de un siglo, los profesionales de la salud han notado que la infección por sarampión provoca una supresión temporal del sistema inmunológico. Los niños que padecen sarampión se vuelven más vulnerables a otras infecciones, como otitis y diarrea. En la actualidad, la neumonía se ha convertido en la principal causa de mortalidad entre los niños pequeños afectados por el sarampión.
Sin embargo, en años recientes, los investigadores han descubierto algo alarmante. La manera en que el sarampión afecta al sistema inmunitario es compleja y prolongada.
Un estudio publicado en la revista Science en 2015 analizó décadas de datos sobre mortalidad infantil en Estados Unidos, Inglaterra y Gales, y Dinamarca.
Se observó que, en la época anterior a la vacunación, un aumento en los casos de sarampión coincidía con un incremento en las muertes por otras infecciones, no solo de manera inmediata, sino también durante los dos o tres años siguientes. Este patrón no se replicó al analizar otras enfermedades que se pueden prevenir mediante vacunación, como la tos ferina.
Con la introducción de la vacuna contra el sarampión y la consiguiente reducción de casos, también disminuyeron las muertes por otras enfermedades infecciosas. Los científicos estimaron que en las áreas donde el sarampión era común, las infecciones por sarampión podrían haber estado relacionadas con hasta el 50% de todas las muertes infantiles por enfermedades infecciosas.
Este fenómeno no podía ser explicado simplemente por una reducción temporal en la función del sistema inmunitario. Indicaba la existencia de un efecto más duradero.
Los científicos han denominado a este fenómeno como ‘amnesia inmunológica’ inducida por el sarampión, y se considera una de las consecuencias menos reconocidas, aunque potencialmente devastadoras, de esta enfermedad.
¿Cómo ocurre?
Durante la infancia, nuestro sistema inmunitario acumula una reserva de células B, células T y anticuerpos de memoria contra los virus y bacterias con los que interactuamos. Esta reserva permite a nuestro organismo responder de manera rápida la próxima vez que nos enfrentemos al mismo patógeno.
Por esta razón, tanto la vacunación como la infección generan inmunidad. Ambas ayudan a construir esta reserva, protegiéndonos de futuras infecciones.
Sin embargo, el sarampión hace algo que la mayoría de las infecciones no pueden: destruye la biblioteca de memoria inmunológica.
Los investigadores han encontrado que, dos meses después de la infección, el sarampión puede eliminar entre el 11 y el 73 por ciento de los anticuerpos que los niños han acumulado a lo largo de sus vidas. Reflexione sobre esto: después de años de gastroenteritis y resfriados, en cuestión de semanas, su sistema inmunitario olvida cómo defenderse contra ellos.
Los niños que sufrieron infecciones más severas de sarampión tendieron a perder un mayor número de anticuerpos. En contraste, los niños vacunados contra el sarampión con la vacuna MMR no experimentaron tales pérdidas en su reserva de anticuerpos.
Esos anticuerpos pueden reaparecer con el tiempo, pero solo al volver a entrar en contacto con los gérmenes, lo que a menudo implica volver a enfermarse.
Durante los tres años siguientes al brote de sarampión de 2014-2015 en Berlín, Alemania, los niños infectados con sarampión tenían un 60% más de probabilidades de ser readmitidos en el hospital por una infección diferente en comparación con un grupo de control que había sido atendido inicialmente por una afección no infecciosa.
Incluso en comparación con los niños hospitalizados inicialmente por otras infecciones, aquellos que habían tenido sarampión previamente tenían un 30% más de probabilidades de regresar con una nueva infección.
Los investigadores están trabajando en tratamientos potenciales utilizando modelos animales para ayudar a prevenir la amnesia inmunológica, aunque la investigación se encuentra en sus etapas iniciales. Por el momento, la vacunación sigue siendo la única protección confiable.
Por qué esto importa ahora
Este año, se han reportado más de tres mil 800 casos de sarampión solo en EE. UU., una cifra considerablemente mayor que los dos mil 289 casos notificados en 2025. A medida que los casos aumenten, será necesario monitorear a los sobrevivientes no solo durante las primeras semanas, sino también en los años posteriores.
El sarampión se transmite a través de gotitas respiratorias y es extremadamente contagioso, mucho más que el ébola, la gripe o el covid-19. Piense en ello: el virus puede permanecer en el aire, por lo que puede estar presente en una habitación hasta dos horas después de que una persona infectada se haya ido.
No es sorprendente que el 90% de las personas no inmunizadas expuestas al sarampión se infecten. Sin embargo, a pesar de lo alarmante que pueda parecer, contamos con una herramienta extraordinariamente eficaz desde hace décadas: dos dosis de la vacuna MMR proporcionan una protección del 97% contra el sarampión. La mayoría de las personas vacunadas quedan protegidas de por vida.
Extracto de nota de The Washington Post.
Gracias por acompañarnos hasta el final de esta historia.
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