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Cada día, un gran número de profesionales acceden a LinkedIn para informarse sobre las novedades de su industria, expandir su red de contactos o exhibir sus logros. Lo que suelen encontrar es, en su mayoría, motivador: ascensos, premios, publicaciones científicas, nuevos proyectos, conferencias internacionales o cambios de empleo que parecen acercarse a la posición deseada. ¿De qué manera influye esta constante exposición al éxito de los demás en nuestra percepción de nuestra propia carrera profesional?
Investigaciones recientes indican que, por un lado, esta plataforma ofrece ventajas evidentes para la empleabilidad, el networking y la difusión del conocimiento. Sin embargo, también puede provocar efectos psicológicos menos evidentes, relacionados con la comparación social, la autoestima profesional y la necesidad de recibir validación externa.
La trampa psicológica de compararnos demasiado
La teoría de la comparación social, propuesta por Festinger en 1954, plantea que los individuos evaluamos nuestras habilidades y nuestro valor al compararnos con otros. En situaciones normales, estas comparaciones pueden servir como guía. El problema surge cuando la información que se obtiene es sesgada.
Esto es precisamente lo que ocurre en muchas redes sociales. Mientras que Instagram tiende a mostrar una versión idealizada de la vida personal, LinkedIn ofrece una visión igualmente idealizada de la vida profesional. Rara vez se exponen proyectos fallidos, artículos rechazados, errores estratégicos o difíciles procesos de aprendizaje. Lo común es encontrarse con los resultados finales (y exitosos): ascensos, publicaciones, premios o nuevos puestos.
Esta dinámica no es inocente. Estudios han señalado que la comparación social en LinkedIn puede aumentar la ansiedad relacionada con la búsqueda de empleo, afectando la percepción de la autoeficacia profesional.
Es irónico que una herramienta creada para fomentar el desarrollo profesional pueda llevar a la sensación de que siempre estamos en desventaja.
Una autoestima profesional dependiente
Los psicólogos hacen una distinción entre una autoestima relativamente estable y una autoestima contingente, que depende de factores externos como el reconocimiento, los logros o la aprobación social.
Esta última puede llegar a tener un peso excesivo en el contexto de las redes sociales. Muchos usuarios vinculan significativamente su autovaloración a la respuesta que obtienen en las plataformas digitales. Cuanto mayor es esta dependencia psicológica, mayor suele ser también la intensidad de uso de redes sociales y el riesgo de desarrollar patrones problemáticos de uso.
Aplicando esto al ámbito profesional, la situación es preocupante. Si nuestra percepción de competencia depende cada vez más de las visualizaciones, comentarios o felicitaciones recibidas en LinkedIn, corremos el riesgo de reemplazar los indicadores internos de progreso por indicadores externos de popularidad.
En otras palabras, podríamos comenzar a confundir el reconocimiento con el valor profesional.
El gran escaparate de la identidad profesional
Hace décadas, el sociólogo Erving Goffman describió cómo las personas intentan gestionar la impresión que causan en los demás. Las redes sociales han llevado este fenómeno a una escala sin precedentes.
Investigaciones recientes sobre la autoimagen profesional revelan que los usuarios desarrollan estrategias conscientes para construir una imagen profesional específica. Esto incluye la selección estratégica de contenidos, la gestión cuidadosa de la reputación digital y la vigilancia constante de la propia presencia en línea. Estas prácticas no son necesariamente negativas, sino que pueden ser beneficiosas.
Pueden ser útiles para comunicar competencias y generar oportunidades profesionales. No obstante, también pueden fomentar una preocupación excesiva por la imagen proyectada. Es posible que terminemos dedicando más tiempo a comunicar lo que hacemos que a realizar efectivamente lo que comunicamos.
¿Promoción profesional o narcisismo?
Promocionar el propio trabajo no implica automáticamente ser narcisista. De hecho, en muchos sectores es esencial visibilizar proyectos, publicaciones o logros para generar oportunidades profesionales.
Sin embargo, cuando la identidad profesional se construye principalmente sobre las reacciones obtenidas en línea, el éxito deja de medirse por la calidad del trabajo realizado.
La distinción es sutil pero significativa. Compartir un logro puede ser útil e inspirador; en cambio, necesitar constantemente la aprobación ajena para validar nuestro valor profesional es muy diferente.
Esto es especialmente relevante porque, cuando el reconocimiento se convierte en una necesidad constante, cualquier silencio digital puede ser interpretado como un fracaso.
El riesgo de olvidar el aprendizaje
Otro riesgo de las dinámicas comparativas y de validación externa que se establecen en redes sociales, especialmente en plataformas profesionales como LinkedIn, es la pérdida de humildad intelectual. Las investigaciones sobre aprendizaje y desarrollo profesional muestran que el progreso suele estar asociado a la capacidad de reconocer errores, aceptar limitaciones y aprender de la experiencia. Sin embargo, los algoritmos tienden a premiar más los resultados visibles que los procesos invisibles.
Por esta razón, encontramos muchas publicaciones celebrando éxitos y relativamente pocas analizando fracasos, dudas o aprendizajes difíciles. La consecuencia es la creación de una narrativa profesional poco realista, en la que el progreso lineal y el éxito parecen ser constantes.
La realidad es muy diferente. Detrás de cada ascenso suelen haber años de esfuerzo. Detrás de cada artículo publicado, hay revisiones por pares, correcciones y rechazos. Detrás de cada trayectoria brillante, se encuentran momentos de incertidumbre que rara vez se muestran en el muro de LinkedIn.
Esta reflexión es lo que llevó al profesor de Princeton Johannes Haushofer . Acostumbrados a utilizar las redes para mostrar lo bien que nos lo pasamos (Instagram) o lo buenos que somos (LinkedIn) o cuántos amigos tenemos (Facebook), acabamos alimentando un escaparate abierto todos los días de la semana donde sólo se proyectan películas de éxitos.
Una herramienta valiosa, con distancia
La solución no pasa por abandonar LinkedIn. La plataforma ofrece oportunidades extraordinarias para aprender, establecer contactos y difundir conocimiento. Buena parte de la transferencia de conocimiento profesional y científico actual se produce gracias a herramientas de este tipo.
La cuestión es utilizarla sin convertirla en un espejo de nuestra autoestima.
Una carrera profesional sólida no se construye acumulando reacciones digitales, sino desarrollando competencias, aprendiendo de los errores y generando impacto real sobre las personas. Los “me gusta” pueden aportar visibilidad. Las felicitaciones pueden resultar agradables. Pero ninguna de ellas debería convertirse en la medida definitiva de nuestro valor profesional.
Porque, al final, la mejor carrera no es la que parece más brillante en una pantalla, sino la que sigue creciendo cuando la pantalla se apaga.![]()
, Associate professor, y , Profesora e Investigadora Universitaria, Facultad de Ciencias de la Salud,
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