Doris Andrade, etóloga especializada en felinos y parte de la Asociación Felina Guatemalteca, junto a Rosario Barrios, entrenadora de gatos y perros en Cool Dog, ofrecen cinco consejos para asegurar una convivencia armoniosa entre gatos y perros:
1. Presentaciones paulatinas
Un error común es permitir que ambas especies compartan el mismo espacio sin supervisión y esperar que se adapten por sí solas, lo que suele resultar en un gato asustado y un perro hiperactivo. La clave está en el aislamiento inicial y en el intercambio de olores.
El primer paso consiste en mantener al nuevo integrante en su habitación, asegurando que tenga todas sus necesidades cubiertas durante los primeros días. Luego, se debe facilitar el intercambio de olores; por ejemplo, se puede frotar al gato con una manta y colocarla cerca de la comida del perro, y hacer lo mismo a la inversa, para que ambos asocien el aroma del otro con experiencias positivas.
Finalmente, se debe permitir un contacto visual controlado usando una barrera física, como una puerta de malla o una reja para bebés, para que puedan verse sin contacto físico. Si el perro ladra o se muestra ansioso, se le puede distraer con un juguete. Si el gato muestra signos de incomodidad, acariciarlo suavemente en áreas seguras como la cabeza o las mejillas, o permitirle esconderse. Recompensar la calma de ambos con sus golosinas favoritas. Si alguno de ellos no quiere acercarse, es importante no forzarlo.
2. Respetar la territorialidad y las alturas
Los perros son animales que viven en el suelo y en manadas, mientras que los gatos son más tridimensionales y territoriales. Para que un gato se sienta seguro en presencia de un perro, necesita tener rutas de escape y áreas exclusivas. Por lo tanto, se sugiere instalar estantes y mantener despejadas las partes superiores de los muebles. Si el gato sabe que puede escapar hacia arriba, donde el perro no puede alcanzarlo, su ansiedad disminuirá considerablemente. También es importante ofrecerle actividades recreativas.
Es crucial no alimentar a ambos animales juntos al principio, ya que la comida es una de las principales causas de conflictos. Se debe colocar el plato del gato en un lugar elevado, inaccesible para el perro.
Por otro lado, los perros suelen “explorar” la comida de los gatos, lo que puede causar un gran estrés en el felino, que podría empezar a hacer sus necesidades fuera de su caja. Se recomienda proteger la caja de arena con una barrera, para que solo el gato pueda acceder a ella.
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3. Controlar los impulsos del perro
Generalmente, el éxito de la convivencia depende en un 80% del control del perro, que tiene un instinto natural de persecución; si el gato corre, el perro lo seguirá, por lo que es fundamental que el perro aprenda que el gato no es un juguete.
Antes de presentarlos, es importante asegurarse de que el perro conozca órdenes básicas como ‘quieto’, ‘sentado’ o ‘suelta’. Durante las primeras interacciones sin barreras, se debe mantener al perro con una correa corta. Si el perro ignora al gato, se le debe recompensar.
4. Desgaste de energía
Un perro que se aburre y tiene energía acumulada puede ser una pesadilla para un gato que solo quiere descansar. Es esencial asegurarse de que el perro reciba suficiente ejercicio y estimulación mental a diario, mediante paseos largos, juegos de olfato o juguetes interactivos, antes de que interactúe con el gato, para que no represente una amenaza.
5. Tener paciencia en la socialización
Cada animal tiene su propio ritmo de adaptación. Algunos se ajustarán en una semana, mientras que otros necesitarán meses para tolerar la presencia del otro. Nunca se debe forzar la interacción; obligarlos a estar juntos solo generará resentimiento, miedo y estrés. Con paciencia, supervisión constante y refuerzos positivos, la convivencia pacífica será posible. Es importante permitir que la relación se desarrolle naturalmente, evitando la humanización de los animales y respetando sus conductas y formas de expresión. Nunca se debe dejar a los animales solos sin la supervisión de un adulto.
Cuando la presentación se realiza de manera adecuada, no debería generar estrés, especialmente en los gatos. Si los niveles de estrés son altos, se pueden aplicar feromonas para ayudar a relajarlos. Si, con el tiempo, no logran establecer una buena relación, el objetivo debe ser que puedan tolerar la presencia del otro.
Gracias por acompañarnos hasta el final de esta historia.
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