
Con firmeza en sus creencias, fray Augusto Ramírez Monasterio salvaguardó el secreto de confesión a costa de su vida. Cuarenta y tres años después de su asesinato, la comunidad católica se reunirá para conmemorar la eucaristía en honor a su beatificación.
Durante el conflicto armado interno, una persona se acercó a él en busca de apoyo. El franciscano la asistió en sus gestiones para acogerse a una amnistía, pero fue detenido y sometido a torturas. Meses más tarde, fue asesinado. A 43 años de su fallecimiento, la Iglesia católica se alista para beatificarlo por su martirio.
La voz de fray Augusto Rafael Ramírez Monasterio se conserva en una grabación de 1967. En ella, el joven sacerdote lee un fragmento del Evangelio durante su primera misa en España, sin prever que su lealtad al ministerio tendría relación con su muerte años más tarde.
La grabación fue preservada gracias a su hermana, Graciela Ramírez Monasterio, quien solicitó que se registrara la ceremonia para compartirla con familiares que no pudieron asistir. Décadas después, la familia logró digitalizarla y recuperar su voz. El pasaje evangélico de aquella misa fue reproducido durante su misa de cuerpo presente, según la información recopilada para la postulación de su causa.
Hoy, a pocos días de su beatificación, esa grabación nos permite rememorar el inicio de una vida sacerdotal que culminó trágicamente el 7 de noviembre de 1983.
Lecturas recomendadas
El papa León XIV aprobó el 22 de enero de 2026 la promulgación del decreto que reconoce el martirio de Ramírez Monasterio por odio a la fe, y tras ello se celebrará la eucaristía de beatificación programada para el próximo 7 de noviembre, exactamente 43 años después de su asesinato.
Para entender cómo se llegó a este reconocimiento, es necesario retroceder a junio de 1983, cuando una persona solicitó su ayuda en Antigua Guatemala.
La confesión que resguardo con su vida
Aproximadamente 20 años atrás, una persona que recibió asistencia de Ramírez Monasterio compartió su experiencia con el sacerdote en una entrevista histórica, manteniendo su identidad protegida. Recordó que llegó al confesionario sintiendo miedo y con una preocupación que no sabía cómo resolver.
Relató que no conocía personalmente al franciscano y buscaba a alguien que estuviera dispuesto a escucharle. “Solo venía con una gran necesidad de lo que llevaba dentro, una carga pesada”, expresó durante aquella entrevista.
El sacerdote lo escuchó y posteriormente mantuvo una conversación con él en su oficina. Según su relato, le ofreció apoyo y comenzó a acompañarlo en las gestiones necesarias, recordando que le dijo: “Yo te voy a ayudar”.
Esta intervención fue crucial para su supervivencia, ya que las declaraciones recogidas años después muestran la relevancia que tuvo encontrar a un sacerdote dispuesto a acompañarle en medio del temor.
Fray Edwin Alvarado Segura, rector de San Francisco el Grande y vicepostulador de la causa de beatificación y canonización, indicó que el sacerdote asistió a una persona que deseaba acogerse a esa medida y decidió ayudarla.
Esto ocurrió en un contexto en que Guatemala enfrentaba un conflicto armado interno, pero el gobierno había anunciado medidas de amnistía para personas involucradas en actividades insurgentes, aunque acogerse a ellas conllevaba riesgos.
El franciscano no se limitó a escucharla: la acompañó en los trámites ante las autoridades. Esa decisión alteró el curso de sus últimos meses.

Fray Augusto Ramírez Monasterio junto a su familia durante su ordenación sacerdotal en España.
(Foto: cortesía Postulación de la Causa de Fray Augusto Ramírez Monasterio
La jornada que marcó su vida
En junio de 1983, Ramírez Monasterio salió de San Francisco el Grande junto a la persona que buscaba la amnistía y dos jóvenes relacionados con las actividades de la parroquia.
El libro ‘Semblanza del Mártir de la Caridad’ indica que el sacerdote había realizado gestiones ante la Gobernación Departamental de Sacatepéquez y necesitaban obtener un documento de identificación para continuar el proceso, por lo que se dirigieron a Parramos en Chimaltenango, donde la situación dio un giro inesperado.
Según la reconstrucción de Fray Edwin Alvarado, las autoridades identificaron a la persona que buscaba acogerse a la amnistía como un perseguido por el Ejército. El sacerdote intentó explicar el propósito de las gestiones, pero los acompañantes fueron detenidos.
Uno de los jóvenes narró en el libro que, antes de ser llevados a una dependencia policial, Ramírez Monasterio les pidió que permanecieran en el vehículo. La espera se extendió hasta que un agente les ordenó descender. El testimonio describe cómo, posteriormente, les vendaron los ojos, les ataron las manos y los trasladaron durante la noche.
También recuerda que escucharon gritos y amenazas mientras estaban bajo custodia, por lo que, ante la incertidumbre, el franciscano intentó calmarlos a través de la oración.
Fray Edwin Alvarado explicó que Ramírez Monasterio fue sometido a torturas, incluyendo quemaduras en la espalda y lesiones en los pies. El vicepostulador destacó que las heridas quedaron documentadas a través de testimonios y fotografías que se incorporaron a la investigación de la causa.
Después de su liberación, el sacerdote regresó a Antigua Guatemala, pero las consecuencias de aquella detención no terminaron. De acuerdo con la reconstrucción eclesiástica, quienes lo habían retenido pretendían obtener información relacionada con lo conocido durante la confesión, misma que el franciscano se negó a revelar.
El sigilo sacramental obliga a los sacerdotes a mantener en secreto lo que conocen durante ese sacramento. Para la Iglesia, esa obligación fue el elemento central de la persecución que sufrió Ramírez Monasterio y del posterior reconocimiento de su martirio, según Alvarado.
Un sacerdote cercano
Antes de que su nombre quedara asociado con la persecución y el martirio, Augusto Ramírez Monasterio había construido una vida dedicada a su vocación religiosa. Fray Augusto Ramírez Monasterio nació el 5 de noviembre de 1937 en la capital de Guatemala, hijo de Valerio Ramírez Zepeda y María Trinidad Monasterio Rojas. Su familia cuenta que fue bautizado en la iglesia de Candelaria y durante su infancia sirvió como monaguillo en Beatas de Belén.
Su formación franciscana lo llevó a Nicaragua y España, siendo ordenado como sacerdote el 18 de junio de 1967 en España, tiempo después desempeñó responsabilidades religiosas en Nicaragua, para 1972 continuó estudios universitarios en Salamanca.
En Guatemala fue asignado a la iglesia de Cristo Rey, en la zona 15 de la capital, en 1975 donde permaneció un tiempo, hasta que tres años después asumió como guardián y párroco de San Francisco el Grande, en Antigua Guatemala, lugar donde se dio el encuentro con la persona que confeso.
Su sobrina, Ana Judith Morales Ramírez, historiadora e integrante de la familia que ha impulsado la recuperación de su memoria, reconoce que no fue una de las personas más cercanas al sacerdote durante su vida. Sin embargo, conserva recuerdos personales como que su tío le enseñó a jugar damas y ajedrez, y que la visitó cuando estuvo hospitalizada. Ella lo describe como un hombre culto, preparado y cercano a su familia.

Fray Augusto Ramírez Monasterio fue ordenado sacerdote el 18 de junio de 1967, en España, y comenzó una vida dedicada al servicio pastoral y a su vocación franciscana.
Foto: cortesía Postulación de la Causa de Fray Augusto Ramírez Monasterio
Durante la investigación de la causa, Morales Ramírez conoció relatos sobre su relación con los feligreses, “algunas personas recordaban que visitaba enfermos, compartía alimentos y acudía a las casas con confianza”, compartió.
Una de las historias que recuperó describe cómo el sacerdote podía interrumpir una comida para atender a alguien que necesitaba asistencia religiosa. Otro testimonio lo sitúa entre los escombros después del terremoto de 1976, cuando ayudaba a retirar materiales de una vivienda.
Esas escenas muestran al religioso que sus comunidades conocieron antes de que comenzaran las amenazas dice Morales Ramírez: un sacerdote que no limitaba su ministerio a las celebraciones dentro del templo.
Para su sobrina, uno de sus legados fue la cercanía con las personas vulnerables y la confianza que transmitía a quienes acudían a él. Esa disposición a ayudar explica por qué decidió acompañar a una persona que buscaba acogerse a la amnistía, pese al peligro que implicaba intervenir en aquel contexto.
Las amenazas
Después de junio de 1983, la vida de Ramírez Monasterio estuvo marcada por la vigilancia asegura Fray Edwin Alvarado, ya que recibía llamadas intimidatorias mientras que personas desconocidas grababan sus homilías y seguían sus movimientos.
El sacerdote también comenzó a tomar precauciones para evitar que otras personas resultaran afectadas. Según los testimonios reunidos por la causa, dejó de viajar acompañado de jóvenes y evitó utilizar el vehículo que había quedado asociado con su detención.
Su sobrina recuerda que la familia conoció posteriormente un documento que revelaba la posibilidad de salir del país, pues durante la búsqueda de información sobre su tío, Morales Ramírez encontró en una carpeta un boleto de viaje a Costa Rica, con fecha del 16 de junio de 1983, que nunca fue utilizado.
De acuerdo con los testimonios familiares, otros religiosos también le recomendaron abandonar Guatemala después de las torturas y las amenazas, pero Ramírez Monasterio decidió permanecer en el país. Su familia interpreta esa decisión como una expresión de fidelidad a su vocación, así como a los feligreses del templo de San Francisco El Grande.

Fray Augusto Ramírez Monasterio oculta sus manos, lastimadas por las torturas que sufrió durante su primer secuestro.
Foto: cortesía Postulación de la Causa de Fray Augusto Ramírez Monasterio

Fotografía de Fray Augusto Ramírez Monasterio del archivo familiar.
Foto: cortesía Postulación de la Causa de Fray Augusto Ramírez Monasterio
El asesinato
La reconstrucción presentada por el vicepostulador detalla que el sacerdote había salido para visitar a su familia el 7 de noviembre de 1983, dos días después de su cumpleaños 46, donde compartió con su familia. Después de la visita se describe que fue interceptado y trasladado en un vehículo, momento donde Morales Ramírez fue torturado.
Con un lapso de tiempo sin saber su paradero, Morales Ramírez describe que los testimonios reunidos por la causa sitúan en sus últimos momentos de su vida en el sector de la avenida Elena, próximo al puente El Incienso, donde se le escucho pedir ayuda al intentar escapar de sus captores, pese a ello fue alcanzado y recibió varios balazos
Su sobrina señala que una de las preguntas que todavía mantiene la familia es dónde estuvo retenido durante el tiempo transcurrido entre su desaparición y su muerte. Con el tiempo, la familia ha ido obteniendo datos que ayudan a reconstruir la historia. Morales Ramírez compartió que ha buscaron información en documentos policiales y estudios forenses, que revelaron que su tío era objeto de vigilancia.
El sitio oficial de la causa publica información atribuida a estudios de la Fundación de Antropología Forense de Guatemala, según los cuales algunas lesiones en las costillas se habrían producido antes de la muerte, además que habría recibido varios balazos.

Portada del 9/11/1983, con la muerte de fray Augusto Ramírez Monasterio.
Foto: Hemeroteca
El decreto del Papa
Fray Edwin Alvarado compartió que los franciscanos y la familia comenzaron a impulsar formalmente la causa alrededor del 2000, pero la apertura diocesana se produjo hasta enero del 2008.
Durante esa etapa se recibieron declaraciones de personas que habían conocido al sacerdote. Se reunieron testimonios de 42 personas que aportaron información sobre su vida religiosa, su relación con las comunidades y las circunstancias de su muerte.
La fase diocesana concluyó el 30 de julio del 2012 y la documentación fue enviada a Roma. En abril del 2013 se anunció la validación de esa etapa. Posteriormente se preparó la positio, el documento que reúne y organiza los elementos de la causa para su evaluación. Según la cronología de la postulación, quedó completada en el 2023.
En octubre del 2024, los teólogos se pronunciaron favorablemente por unanimidad. La causa continuó su trámite hasta que el papa León XIV autorizó, el 22 de enero del 2026, el decreto que reconoce el martirio de Ramírez Monasterio por odio a la fe. Ese reconocimiento permitió avanzar hacia la beatificación sin exigir un milagro, por tratarse de una causa de martirio, destacó Morales Ramírez.
Alvarado explicó que el procedimiento implicó revisar declaraciones, traducir documentos y cumplir distintas etapas establecidas por el derecho canónico. Para la familia, el anuncio fue el resultado de años de trabajo y de una búsqueda que había comenzado inmediatamente después del asesinato.
Morales Ramírez considera que, después de la ceremonia, será necesario documentar los posibles milagros atribuidos a la intercesión del futuro beato para que la causa pueda continuar hacia una eventual canonización.

Desde su juventud, Fray Augusto Ramírez Monasterio mostró interés por la vida religiosa. Su formación franciscana marcó el inicio de una vocación que dedicaría al servicio de la Iglesia y de las comunidades.
Foto: cortesía Postulación de la Causa de Fray Augusto Ramírez Monasterio
Beatificación
Finalmente, a 43 años de su asesinato, el sábado 7 de noviembre del 2026 se celebrará la eucaristía de beatificación en Finca Florencia, Sacatepéquez. Fray Edwin Alvarado explicó que, durante la organización de la ceremonia, se buscó una fecha que facilitara la participación del clero y permitiera preparar los actos religiosos. La fecha elegida coincidió con el aniversario del asesinato del franciscano.
La celebración será presidida por el cardenal Francisco Robles Ortega, arzobispo de Guadalajara, como delegado del papa León XIV. Además, se realizará una procesión en la que destacará una reliquia del futuro beato guatemalteco.
El recorrido a pie comenzará en el puente del Matasano y continuará hasta San Francisco el Grande, donde se prevé develar un retablo y colocar la reliquia.
El templo fue uno de los lugares centrales de la vida de Ramírez Monasterio, según fray Edwin, dado que allí atendió a sus feligreses, acompañó a quienes buscaban ayuda y regresó después de sufrir las torturas de junio de 1983.
La celebración reunirá esa historia pastoral con el reconocimiento que la Iglesia ha otorgado a su martirio. Para su familia, la beatificación representa la culminación de una búsqueda sostenida durante décadas, según Morales Ramírez.

Lugar donde esta la tamba de Fray Augusto Ramírez Monasterio)
(Foto : Hemeroteca PL)
Para la comunidad franciscana, será el reconocimiento de un religioso que mantuvo su compromiso con el ministerio de la confesión.
La grabación de 1967 conserva la voz con la que comenzó su vida sacerdotal. Las entrevistas, los testimonios y los documentos permiten reconstruir lo que ocurrió después.
Entre aquella primera misa y el asesinato de 1983 aparece la historia de un hombre que dedicó su vida a acompañar a otras personas y que, según el reconocimiento de la Iglesia, permaneció fiel al secreto de confesión frente a la persecución.
El 7 de noviembre, si se cumple la programación anunciada, su nombre será proclamado beato. La ceremonia cerrará una etapa de la causa eclesiástica, mientras la familia continuará preservando los recuerdos y documentos de una historia que todavía conserva preguntas sin respuesta.
Audio: cortesía Postulación de la Causa de Fray Augusto Ramírez Monasterio.
Gracias por acompañarnos hasta el final de esta historia.
Desde Referente Guatemala Creemos que la información también nos ayuda a comprendernos mejor como sociedad y a observar con mayor atención lo que ocurre a nuestro alrededor.








