Una mamografía es una imagen obtenida a través de una radiografía, utilizando equipos especializados que se adaptan a las diferentes densidades del tejido mamario. Según los especialistas, esta técnica ha sido empleada de manera segura y eficaz durante más de cinco décadas. Su función no es confirmar la presencia de cáncer por sí sola, sino detectar cambios o irregularidades que puedan requerir atención y que, a menudo, aún no son palpables.
“Esto nos permite detectar calcificaciones o microcalcificaciones, densidades focales, masas reales en el seno o distorsiones arquitectónicas que podrían sugerir que la paciente tiene algún signo que necesita una investigación más profunda”, comenta el médico radiólogo Sergio Ricardo Mejicano, jefe de Diagnóstico por Imágenes en el Hospital de Cancerología de Guatemala.
Estos hallazgos no implican necesariamente la existencia de cáncer, pero sí guían al radiólogo sobre qué áreas necesitan una evaluación más exhaustiva. Por esta razón, Mejicano enfatiza que las imágenes deben ser interpretadas por personal con experiencia específica en mamas y con equipos que ofrezcan una resolución adecuada.
“La mamografía es un estudio de detección que utilizamos para identificar lesiones malignas en etapas tempranas o lesiones premalignas en el momento adecuado”, añade el médico David Suárez Mota, ginecólogo oncólogo, quien señala que la capacidad de detectar alteraciones pequeñas es crucial, ya que el cáncer de mama puede progresar sin dolor ni signos evidentes.
La trabajadora social de Fundecán, Fabiola Ruano, subraya la relevancia de este examen en términos de prevención. “Nuestras mamas cambian y necesitamos un examen más exhaustivo. La mamografía es una herramienta de prevención del cáncer de mama que nos permite visualizar el interior de nuestras mamas, incluso si nunca hemos notado nada al palpar”, asegura.
¿Quiénes deben realizarse una mamografía?
Los especialistas consultados coinciden en recomendar una mamografía anual a partir de los 40 años. “Es recomendable realizar la mamografía de manera anual, a partir de los 40 años, en todas las mujeres”, afirma Suárez.
Antes de esa edad, el ultrasonido mamario suele ser el estudio inicial, especialmente debido a que el tejido puede ser más denso; sin embargo, un médico puede sugerir una mamografía antes de los 40 en caso de que existan síntomas, antecedentes familiares o alguna otra necesidad específica.
La edad es una guía general, pero no reemplaza la evaluación individual. Mejicano indica que, si hay un familiar cercano con cáncer de mama diagnosticado a una edad temprana, el seguimiento por imágenes puede comenzar aproximadamente diez años antes de la edad en que ese familiar recibió el diagnóstico.
Por ejemplo, si un familiar fue diagnosticado a los 45 años, la persona debería hacerse un ultrasonido mamario a los 35, pero como aún no ha llegado a la edad para una mamografía, puede optar por un ultrasonido mamario.
El ultrasonido es generalmente el primer paso porque el tejido mamario tiende a ser más denso, lo que puede dificultar la visualización en una mamografía. “En pacientes jóvenes, las mamas son muy densas, por lo que el ultrasonido es el estudio preferido”, aclara Suárez.
No obstante, la ausencia de antecedentes familiares no elimina la necesidad de realizar controles. Ruano recoge una idea común entre las pacientes: “En mi familia no ha habido casos, así que ¿por qué debería hacerlo?”. Ante ese temor, insiste en la importancia de mantener chequeos regulares, ya que un seguimiento anual permite identificar señales de alerta con anticipación y actuar cuando las opciones de tratamiento pueden ser menos invasivas.
Además, Mejicano menciona otros factores que deben considerarse, como la edad, los antecedentes personales de cáncer de mama, ciertos antecedentes familiares y genéticos, el historial reproductivo y hormonal, la exposición previa a radiación y la densidad mamaria documentada en estudios previos.
También hay factores modificables relacionados con el estilo de vida, como la falta de actividad física, la obesidad, el consumo excesivo de alcohol y el tabaquismo. Tener uno o varios de estos factores no implica un diagnóstico, pero sí subraya la importancia de discutir con el médico un plan de vigilancia adecuado.
Aunque en raras ocasiones, algunos hombres también podrían necesitar una mamografía. Según Mejicano, menos del 1% presenta cáncer de mama, y en esos casos, se sugiere la mamografía si hay una masa que el médico considera que podría ser una lesión.
Solo 20 minutos
Al llegar al centro de diagnóstico, la paciente recibe una bata y se le solicita que se quite la ropa de la cintura para arriba, antes de posicionarse en el mamógrafo.
“Colocamos dos placas plásticas dentro del mamógrafo, la mama en proyección anteroposterior o plana, y aplicamos compresión sobre la mama”, explica Mejicano.
La compresión ayuda a distribuir el tejido y a obtener una imagen útil con la menor superposición posible; la sensación de incomodidad varía entre pacientes, pero solo dura mientras se realiza cada toma.
“Sí, es un examen un poco incómodo porque la máquina ejerce presión en la mama, pero es necesario realizarlo”, comenta Ruano.
El procedimiento estándar para una mamografía 2D incluye dos proyecciones de cada mama: una toma cráneo-caudal y otra medio-lateral oblicua, tanto del lado derecho como del izquierdo.
“Si optamos por una mamografía 3D, el tiempo que tomamos es aproximadamente el mismo, pero obtenemos más información”, aclara el médico radiólogo.
Para facilitar el procedimiento, los expertos recomiendan llegar con ropa cómoda y no aplicarse desodorante, crema, antitranspirante ni productos granulados en el pecho o las axilas el día del examen, porque pueden interferir con la imagen.
Se debe informar al personal si tiene tatuajes cercanos a la mama o la axila, pues algunas tintas pueden verse en la imagen
Asimismo, si la persona tiene implantes mamarios, también debe comunicarlo antes del estudio para que el personal realice proyecciones especiales y desplace el implante al examinar el tejido.
Después de la mamografía no se requieren cuidados especiales.
Tipos de mamografías
De acuerdo con Mejicano, hay mamografías de detección para personas sin síntomas y mamografías diagnósticas para estudiar una zona específica cuando ya existe un bulto u otro hallazgo.
Además, en los tipos de mamografías también varía la tecnología: la mamografía digital o 2D obtiene imágenes planas, mientras que la 3D —también llamada tomosíntesis— imágenes tridimensionales milimétricas que ofrecen mayor detalle y precisión.
“La experiencia nos hace decir que la 3D es muy similar a la 2D, pero la 3D da mucha más información, ya que podemos obtener hasta 90 o 100 imágenes por cortes, perdón, por proyección mamográfica”, explica el médico radiólogo.
También existe la mamografía convencional, sin embargo, se usa menos por la baja resolución que ofrece.
“Los métodos de imagen no diagnostican propiamente el cáncer de mama, sino que sugieren un riesgo. El estándar de oro es una biopsia. La mamografía indica si hay algún tumor y qué tanto riesgo tiene ese tumor de ser cáncer”, aclara Suárez.
Para comunicar ese riesgo entre especialistas se utiliza la clasificación BI-RADS; según la categoría asignada, el médico determina si se necesita vigilancia, estudios complementarios o una biopsia.
Un resultado puede conducir a controles rutinarios, a nuevas imágenes para aclarar una zona o a una biopsia cuando las características ameritan estudiar el tejido. La lectura del informe, por tanto, debe hacerse con acompañamiento médico.
Un examen seguro
Otra inquietud habitual es la radiación. Los médicos entrevistados señalan que la dosis utilizada es muy baja y que el beneficio de la detección periódica supera ese riesgo.
“La radiación que se obtiene es mínima. Se sabe que el entorno habitual que pueda tener un paciente, como los rayos UV, usar mucho el microondas o estar cerca de un televisor, monitor, y el mismo celular, emite radiación; eso tiene mucha más radiación que la cantidad que podemos emitir por una mamografía. De tal manera que no hay ningún riesgo, es más, el beneficio de hacerse una mamografía con regularidad supera los riesgos que implican las muy bajas dosis de radiación de una mamografía”, asegura Mejicano.
Por otro lado, la mamografía no compite contra el ultrasonido mamario, sino que se complementan y responden preguntas distintas. La mamografía puede revelar microcalcificaciones y alteraciones de la arquitectura, mientras que el ultrasonido ayuda a caracterizar una masa y establecer si es sólida o quística.
“Son estudios complementarios. El ultrasonido puede mostrar imágenes que no se pueden evaluar en la mamografía y, al contrario, la mamografía puede mostrar imágenes que no se pueden ver en el ultrasonido”, explica Suárez. En casos seleccionados también puede recurrirse a otros estudios, siempre por indicación profesional.
Un hábito necesario
Según Mejicano, aproximadamente un 5 al 10% de los casos de cáncer de mama se deben a factores genéticos, mientras que un 50% podría relacionarse con factores hormonales o con el estilo de vida de un paciente.
“Por eso siempre es importante adelantarse a los riesgos o factores, tanto no modificables como modificables, para que una persona se acerque a un centro de diagnóstico especializado en imágenes y pueda realizarse este procedimiento”, agrega.
El valor de este examen se mide, sobre todo, en el tiempo que puede ganar. “El beneficio es que el diagnóstico de lesiones premalignas o malignas en etapas tempranas mejora el pronóstico de la paciente”, destaca Suárez.
La diferencia entre mantener controles y consultar únicamente cuando aparece un síntoma puede ser decisiva. “En una mujer que lleva un control anual, si hay algún signo de alerta, se detecta más rápido”, asegura Ruano.
“El cáncer de mama es una de las principales causas de mortalidad mundial. Además, el cáncer es un mal silencioso, cuando ya presenta dolor y signos, suele encontrarse en etapas avanzadas. Tener controles anuales y realizarnos la mamografía permite acceder a un tratamiento menos invasivo y detectar la enfermedad a tiempo”, agrega.
Ruano añade una razón para convertir las mamografías en hábito: “Recordemos que el cáncer de mama detectado en etapas tempranas tiene mayor probabilidad de cura”. Hacerse el control indicado, consultar los resultados con un profesional y no esperar a sentir una masa son decisiones que pueden abrir la puerta a una atención más temprana.
Gracias por acompañarnos hasta el final de esta historia.
Desde Referente Guatemala Creemos que la información también nos ayuda a comprendernos mejor como sociedad y a observar con mayor atención lo que ocurre a nuestro alrededor.








