Desde muy joven, la lectura se convirtió en su gran pasión, lo que lo llevó a interesarse en la escritura. A los 12 años, envió su primera novela a una editorial en el extranjero con la esperanza de ser publicada. Aunque no fue aceptada en ese momento, su creatividad no se detuvo, lo que le ha permitido construir una carrera exitosa, como él mismo la describe. Con 16 libros en su haber, su trayectoria sigue en crecimiento.
Originario de Antigua Guatemala, el escritor nació en 1956. Desde su infancia, mostró un gran amor por la lectura y recuerda que en la biblioteca de su abuelo tuvo la oportunidad de explorar diferentes corrientes literarias.
Méndez Vides menciona que prácticamente ha sido escritor desde siempre, ya que a los 12 años había escrito una novela que envió a una editorial en México. Posteriormente, recibió una carta que le informaba que su obra no encajaba en la línea editorial. Sin embargo, esa respuesta fue significativa, ya que avivó su deseo de ver sus obras publicadas.
Recuerda que, mientras otros niños disfrutaban al aire libre, él dedicaba su tiempo a leer y escribir, llegando a su adolescencia con varias obras finalizadas. Durante su etapa en el diversificado, decidió invertir en la publicación de un libro titulado Casaca, que marcó el inicio de su carrera literaria.
En la actualidad, Méndez Vides ha logrado una destacada carrera como novelista, cuentista y ensayista. También ha incursionado como columnista de cultura y política, y ha trabajado como autor y director de teatro, así como docente universitario.
Obras como Escritores famosos y otros desgraciados y Las catacumbas son parte de su legado, que se amplió con su libro más reciente, Antigua & Co. (Antigua y Compañía). En una entrevista, Méndez Vides compartió detalles sobre su trayectoria y los proyectos futuros en su carrera literaria.
¿Cómo fue publicar su primera obra?
Al acercarse a la finalización del colegio y el inicio de la universidad, sentía que el tiempo se escapaba y que aún no había publicado nada. Por eso, decidió usar su propio dinero para editar un pequeño libro llamado Casaca. Mandó a imprimir unas 50 copias y se animó a visitar la única librería en Antigua Guatemala. Preguntó al propietario si le interesaba vender sus libros, y este aceptó. Ante sus ojos, colocó un ejemplar en una vitrina que daba al Parque Central. Esa experiencia lo dejó completamente fascinado.
En ese momento, esa librería era la única en Antigua Guatemala, pero para él era como estar en una librería de París. La sorpresa llegó una semana después, cuando regresó y el encargado le dijo que los primeros ejemplares se habían vendido y que debía llevar más. Se sintió como si hubiera alcanzado un best seller.
Tuve que esperar algunos años más para publicar de manera profesional. Mi vida coincidió con los años de la diáspora, el final del conflicto armado interno y el clima de violencia que se vivía en Guatemala, una época en la que los escritores eran mirados con recelo.
También salí del país durante un tiempo. Cuando regresé, preferí pasar desapercibido. Antes de cumplir los 30 años, tenía una gran inquietud: sentía que, si no lograba publicar fuera de Guatemala, no había cumplido con la meta que me había propuesto.
Más tarde, tuve la fortuna de ganar el Premio Nueva Nicaragua de Novela con Las catacumbas. Este reconocimiento me permitió firmar contratos con varias editoriales. Incluso firmé con una editorial de Inglaterra para realizar traducciones, aunque, por diversas razones, esos proyectos no se concretaron.
Sentí ese momento como un impulso vital; fue la confirmación de que había encontrado mi camino como escritor. Posteriormente, obtuve el Premio Centroamericano Mario Monteforte Toledo con la novela Las murallas. Gracias a Las catacumbas, conocí a Augusto Monterroso, quien facilitó la publicación de mi primer libro de cuentos en México. Desde entonces, he publicado 16 libros.
Méndez Vides recibió el Premio Nacional de Literatura 2025 por su labor literaria.
¿Qué inspiró su libro Las catacumbas?
Las catacumbas, que ahora regresa a la escena literaria, está ambientada en Mazatenango, específicamente en una cantina que lleva el mismo nombre. Esta novela es el resultado de una época muy difícil que vivimos durante la diáspora. En ese tiempo, atravesaba una fase de gran pasión por la escritura y buscaba crear novelas diferentes y originales.
Durante ese tiempo, trabajaba para una empresa transnacional, lo que me obligaba a viajar por pueblos y ciudades del interior del país. En esos viajes, observaba a las personas, su forma de hablar, expresarse y vivir. Todo eso alimentó mi imaginación.
Así nació Las catacumbas. Quise representar el ambiente de una cantina, con sus luces, bailarinas y personajes, pero en una novela cuya historia se desarrolla en un periodo muy breve: apenas dos noches y un día en Mazatenango.
Un grupo de personas llega al lugar y, dos días después, parte hacia tierra fría. La pregunta que dio origen a la novela fue simple: ¿qué sucede en ese bar durante esas dos noches?
La historia comienza en Las catacumbas, continúa al día siguiente y culmina con una segunda noche, cuando los personajes regresan al mismo lugar. A partir de ahí, se desarrolla el desenlace.
La novela intenta comprender lo que sucedía en el interior de personas comunes y corrientes que vivían en Guatemala mientras el conflicto armado se desarrollaba en el país. Mientras muchos enfocaban su atención en la guerra, yo me preocupaba por entender lo que ocurría dentro de una cantina en Mazatenango.

Méndez Vides fue galardonado con el Premio Latinoamericano de Novela Nueva Nicaragua 1986 por Las catacumbas.
¿Cómo ha sido tener a Guatemala como parte de su inspiración?
Es muy fácil responder esa pregunta. Como autor, uno puede escribir sobre lo que desea o sobre aquello que conserva en la memoria. Mi libro Escritores famosos y otros desgraciados no transcurre en Antigua Guatemala, sino en distintos lugares, porque en ese momento yo quería alejarme de Guatemala.
Inventé una historia ambientada en otro sitio, pero, cuando los lectores siguen el recorrido de los personajes por sus calles, sienten que están caminando por Antigua Guatemala.
Recuerdo que Augusto Monterroso se moría de la risa y me decía: «Vos, ese parque que aparece ahí es el parque de Antigua». Fue entonces cuando comprendí que, en la literatura, uno termina reflejando aquello que lleva dentro, aunque intente huir de su propia realidad o darle otro escenario a sus ficciones.
Ahora mis obras conservan la esencia de Guatemala y varias de ellas están ambientadas en el país. Hoy soy completamente honesto con esa realidad: ya no necesito disfrazar Antigua Guatemala ni cambiarle el nombre para convertirla en Grecia.
¿Cómo ha sido desarrollarse como escritor en Guatemala?
Escribir es un trabajo muy solitario. Es una vida de encierro, lectura y disciplina. Puedo pasar semanas o incluso meses dedicado por completo a una novela. Hay personas que hasta llegan a pensar que ya no vivo aquí.
Pocas personas conocen la cantidad de horas que requiere terminar un libro. Sin embargo, la parte de la creación es la más hermosa, porque uno inventa mundos, personajes e historias. En esos momentos, uno siente una enorme libertad creativa.
Las historias que cuento en mis novelas son producto de la imaginación. Cuando empiezo a escribir nunca sé hacia dónde se dirige una historia; ella misma va encontrando su camino. Es un proceso de invención constante y procuro no incorporar episodios de mi propia vida. Paso gran parte del tiempo leyendo y escribiendo, por eso no llevo una vida que contar; llevo historias que inventar.
Escribir exige encerrarse durante meses, dedicar incontables horas al trabajo y, después, afrontar el proceso de corrección, que también es una etapa exigente. He descubierto que el trabajo intelectual, la literatura y la creación son lo que realmente disfruto hacer. Por eso escribo, independientemente de los resultados que puedan llegar después.
La obra Guatemala y Co. essu ultima obra publicada hasta esta fecha. (Foto : cortesía Méndez Vides)
¿Cuál es el libro que le cambió la vida?
—Cada libro me ha dejado alguna experiencia valiosa. También ha traído dificultades, porque así es la vida. Creo que los libros son como los hijos: uno los quiere a todos por igual y cada uno lo transforma de una manera distinta.
Los libros cobran vida propia y encuentran su propio camino entre los lectores.
Escritores famosos y otros desgraciados, mi primer libro, me dio una de las mayores alegrías de mi vida. Durante el proceso de publicación conocí a los 16 editores que financiaban la obra. Entre ellos estaba quien, años después, se convertiría en mi esposa y con quien tuve cinco hijas. No puedo decir otra cosa: ese libro me cambió la vida.
Con Las murallas, mi primera novela publicada por Alfaguara en México, sentí que daba un paso importante en mi carrera. Gracias a ese libro viajé a Cuba, conocí a Fidel Castro, recorrí varios países y viví experiencias muy enriquecedoras.
Lo que sí puedo afirmar es que todos los libros que he publicado me han dejado alguna alegría y también algún problema, porque así son los libros.
¿En qué libros está trabajando?
Este año se relanzó Las catacumbas durante Filgua. Además, publiqué Antigua y compañía, una obra cuyas historias nacen entre las ruinas de Antigua Guatemala. Tambien tengo mi más reciente trabajo que llegara próximamente y tendrá la primicia en unas semanas.
Actualmente escribo una nueva novela. En realidad, el manuscrito ya está terminado y tiene alrededor de 400 páginas. Ahora comienza el proceso de corrección, una etapa que calculo me tomará entre uno y dos años. Además de esa novela, trabajo en otros proyectos que espero puedan convertirse en obras especiales.
Gracias por acompañarnos hasta el final de esta historia.
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