Un análisis efectuado por la Universidad Erasmus en Rotterdam, Países Bajos, indica que en los hombres se observa un desarrollo fetal más lento y sacos vitelinos de menor tamaño, lo cual es crucial para el crecimiento del embrión en las primeras semanas.
Los alimentos ultraprocesados (UPF, por sus siglas en inglés) presentan un alto contenido de azúcares añadidos, sodio, grasas saturadas, grasas trans y aditivos, mientras que son bajos en fibra, granos integrales y otros nutrientes esenciales.
La investigación, que fue publicada el martes 24 de marzo de 2026 en Human Reproduction, ha examinado el impacto del consumo de estos UPF en hombres y mujeres antes de la concepción y durante las primeras etapas del embarazo.
Los hallazgos sugieren que esto beneficia tanto a los padres como al feto.
“A pesar de su prevalencia en nuestras dietas, conocemos muy poco sobre su posible relación con la fertilidad y el desarrollo humano en sus primeras etapas”, señala Romy Gaillard, investigadora de la Universidad Erasmus en Rotterdam, Países Bajos, y líder del estudio.
Para llevar a cabo esta investigación, Gaillard y su equipo trabajaron con 831 mujeres y 651 hombres que formaban parte del programa Generation R Study Next, un estudio prospectivo de base poblacional que ha seguido a los padres desde antes de la concepción y a lo largo de la infancia de sus hijos.
Las parejas fueron reclutadas durante el periodo de preconcepción o durante el embarazo entre 2017 y 2021. El equipo evaluó la dieta mediante un cuestionario al inicio del embarazo, alrededor de las 12 semanas, y clasificó los alimentos como no procesados o UPF. (Todas las mujeres estaban embarazadas durante el estudio).
El consumo promedio de UPF fue del 22% en la dieta de las mujeres y del 25% en la de los hombres, cifras que se aproximan a la media de consumo de ultraprocesados en los Países Bajos, notablemente inferiores a las de países como el Reino Unido o Estados Unidos, donde la ingesta de UPF se aproxima al 50%. En los países del sur de Europa, como España o Italia, esta proporción es aún más baja, situándose entre el 15% y el 20%.
También se analizó el tiempo hasta la concepción, la fecundabilidad (probabilidad de concebir en un mes) y la subfertilidad (un período de 12 meses o más hasta el embarazo o el uso de tecnología de reproducción asistida).
Finalmente, llevaron a cabo una medición de la longitud coronilla-rabadilla (LCC), que determina la distancia entre la cabeza y las nalgas del embrión para evaluar su tamaño y desarrollo, y midieron el volumen del saco vitelino a las siete, nueve y 11 semanas de gestación.
Se observó que el consumo de UPF en mujeres no estaba consistentemente asociado con un riesgo de baja fertilidad ni con el tiempo hasta el embarazo, pero sí con un crecimiento embrionario y un tamaño del saco vitelino ligeramente reducidos hacia la séptima semana de gestación, lo que se relaciona con un mayor riesgo de aborto espontáneo y parto prematuro.
Además, un crecimiento embrionario más lento durante el primer trimestre se asocia con complicaciones en el parto, como el parto prematuro (antes de las 37 semanas), bajo peso al nacer y un mayor riesgo de problemas cardíacos y vasculares en la infancia, según los autores.
En hombres, un mayor consumo de UPF se vinculó con un mayor riesgo de baja fertilidad y un tiempo más prolongado para lograr el embarazo, pero no con el desarrollo temprano del embrión.
Estos resultados sugieren que una dieta baja en UPF sería beneficiosa para los padres, el desarrollo fetal y la salud del mismo.
Aunque los autores reconocen que, al tratarse de un estudio observacional, se requiere más investigación para replicar los resultados en diferentes poblaciones y estudiar los mecanismos biológicos, consideran que estos hallazgos destacan la necesidad de ampliar la perspectiva sobre la fertilidad y el embarazo, así como de prestar mayor atención a la salud masculina durante este período.
Gracias por acompañarnos hasta el final de esta historia.
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