En general, la gente tiende a no considerar las enfermedades del corazón en sus 20, 30 o incluso 40 años. Es posible que crean que pueden dejar ese tema de lado sin consecuencias hasta llegar a la mediana edad y más allá. No obstante, estudios recientes indican que, para una gran cantidad de hombres, el peligro de desarrollar enfermedades cardíacas podría comenzar a elevarse antes de lo que ellos mismos —o sus médicos— se percatan.
Una investigación que se ha llevado a cabo a lo largo de varias décadas, liderada por científicos de Northwestern Medicine y publicada recientemente en el Journal of the American Heart Association, ha encontrado que los hombres inician el desarrollo de enfermedades cardiovasculares (ECV) mucho antes que las mujeres. Además, se observó que las disparidades en el riesgo cardíaco empiezan a manifestarse a partir de los 30 años.
En el marco del estudio CARDIA (Desarrollo del Riesgo de Arterias Coronarias en Jóvenes Adultos), los investigadores analizaron datos de una extensa cohorte estadounidense que abarca un período prolongado. Esta cohorte está compuesta por 5115 hombres y mujeres, tanto de raza blanca como negra, con edades comprendidas entre los 18 y 30 años, provenientes de cuatro ciudades de Estados Unidos. La inscripción de los participantes se llevó a cabo en 1985 y 1986, y es importante destacar que ninguno de ellos presentaba enfermedades cardiovasculares al inicio del estudio. A lo largo de los siguientes 30 años, todos los participantes asistieron a visitas de seguimiento, programadas cada dos o cinco años.
Durante cada encuentro, los investigadores llevaron a cabo mediciones de la presión arterial, el colesterol y otros parámetros relacionados con la salud del corazón, además de realizar un seguimiento de los diagnósticos a lo largo del tiempo. “Esto nos brindó la oportunidad de analizar en qué momento aparece el riesgo de enfermedad cardiovascular y de qué manera varía entre hombres y mujeres”, indicó la autora principal del estudio, Alexa Freedman, quien es epidemióloga y profesora adjunta en el departamento de medicina preventiva de la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern.
Freedman afirmó: “Nuestros descubrimientos indican que a partir de los 35 años, las disparidades en el riesgo de enfermedades cardiovasculares entre hombres y mujeres comienzan a manifestarse”. Esto implica que la juventud representa un periodo crucial para abordar el riesgo cardiovascular y adoptar medidas preventivas en la rutina diaria.
Lo que los hombres jóvenes deben saber
La principal causa que eleva la probabilidad de sufrir un infarto a una edad más temprana en los hombres es la elevada frecuencia de enfermedad coronaria (EC), la cual se origina por la acumulación de placa en las paredes arteriales del corazón.
La investigación reveló que, a partir de los 35 años, los hombres presentaban casi el doble de posibilidades que las mujeres de padecer enfermedades cardiovasculares (ECV) en un periodo de 10 años. Este aumento en el riesgo se mantuvo estable a lo largo de la mediana edad. A los 50 años, el 4.7% de los hombres que participaron en el estudio ya habían experimentado ECV, en contraste con el 2.9% de las mujeres, quienes no alcanzaron ese mismo grado de riesgo hasta los 57 años. En cuanto a la cardiopatía isquémica (CI), el 2.5% de los hombres la habían desarrollado a los 50 años, mientras que solo el 0.9% de las mujeres lo había hecho, tardando aproximadamente diez años en igualar esas cifras.
A la edad de 50 años, tanto hombres como mujeres presentaban un riesgo comparable de sufrir un ictus, con una incidencia cercana al 1.2% en ambos sexos. En contraste, las variaciones en el riesgo de insuficiencia cardíaca, una condición crónica que surge cuando el corazón no puede bombear sangre de manera adecuada, eran menos pronunciadas y solían manifestarse más adelante en la vida. A los 55 años, los hombres continuaban enfrentando aproximadamente el doble de probabilidades de experimentar un evento cardíaco en la siguiente década. Sin embargo, esto no implica que las mujeres estén exentas de problemas cardíacos; su riesgo se incrementa de manera notable con el paso de los años y, en ocasiones, pueden ser más susceptibles que los hombres a sufrir un infarto o dolor en el pecho, incluso con niveles menores de acumulación de placa en las arterias.
El análisis incluyó la evaluación de elementos de riesgo tales como el consumo de tabaco, la presión arterial alta y la diabetes tipo 2, los cuales están asociados con un incremento en la probabilidad de desarrollar enfermedades cardiovasculares. Lo interesante es que la variación en el riesgo entre hombres y mujeres se mantuvo, aun considerando las diferencias en estos factores, lo que indica que los perfiles de riesgo tradicionales no logran aclarar del todo esta disparidad.
“Ya sabíamos que el riesgo de padecer enfermedades cardíacas es mayor entre los hombres”, afirmó Srihari S. Naidu, cardiólogo y profesor de medicina en el New York Medical College. Lo que los expertos desconocían —y que este estudio aclara— era cuán pronto comienza ese riesgo elevado.
Es fundamental señalar que, dado que algunos de los participantes eran relativamente jóvenes al concluir el seguimiento, los investigadores no pudieron realizar una evaluación exhaustiva sobre cómo las diferencias de género influirían en estas personas en etapas posteriores de su vida, especialmente después de la menopausia. Este periodo es crítico, ya que el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares (ECV) en las mujeres aumenta de manera significativa. En términos generales, el mayor incremento en el riesgo de ECV para las mujeres se presenta alrededor de los 55 años. Sin embargo, ciertos estudios indican que aquellas que atraviesan la menopausia de manera temprana, a los 40 años, enfrentan un 40 % más de probabilidad de desarrollar ECV a lo largo de su vida en comparación con sus contrapartes que no experimentan este fenómeno.
Cómo puede ayudar la detección temprana
Generalmente, las evaluaciones para identificar enfermedades cardiovasculares se enfocan en individuos que superan los 40 años. “Nuestros hallazgos indican que es relevante considerar el riesgo de estas enfermedades en la juventud adulta”, comentó Freedman.
Los especialistas en cardiología están de acuerdo. Laxmi Mehta, quien es cardióloga no invasiva y lidera el área de Cardiología Preventiva y Salud Cardiovascular Femenina en el Centro Médico Wexner de la Universidad Estatal de Ohio, subrayó que “la edad no actúa como un factor de protección”. Además, enfatizó que “los profesionales de la salud no deben ignorar la fase crucial de prevención de riesgos en pacientes jóvenes, sin importar su género”.
Mehta señaló que hay médicos que tienden a confiar excesivamente en las calculadoras de riesgo convencionales, las cuales han sido diseñadas principalmente para la población de edad avanzada. Estas herramientas a menudo omiten considerar factores de riesgo menos comunes, como las enfermedades autoinmunes, complicaciones del embarazo y niveles altos de lipoproteína(a). Estos elementos podrían ofrecer a los pacientes más jóvenes una evaluación más integral de su probabilidad de experimentar un ataque cardíaco en el futuro.
Algunas complicaciones que pueden surgir durante el embarazo, tales como la preeclampsia, la hemorragia posparto, la diabetes gestacional y el parto prematuro, han sido asociadas con un incremento en la probabilidad de padecer enfermedades cardíacas más adelante. Asimismo, la presencia de niveles altos de lipoproteína(a), un tipo de colesterol de origen genético que no se detecta en los análisis de lípidos convencionales, podría contribuir a la formación de placa en las arterias, elevando así el riesgo cardiovascular, incluso en individuos que gozan de buena salud.
Ampliar la gama de factores de riesgo podría facilitar la identificación de problemas cardiovasculares en jóvenes antes de que aparezcan los síntomas. Según Roy Ziegelstein, cardiólogo en la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, la frase “Si ves algo, di algo” puede ser efectiva en un aeropuerto, pero no debería ser la única estrategia utilizada por un médico.
Qué puede hacer ahora mismo para reducir su riesgo cardíaco
Mehta subrayó la urgencia de tomar medidas para evitar enfermedades cardiovasculares e infartos, sin distinción de género. “Es esencial abordar la disminución del riesgo de afecciones cardíacas no como una responsabilidad a posponer hasta la adultez, sino como un aspecto que debe ser parte de la vida cotidiana desde la niñez”, concluyó.
A partir de los 30 años, hay diversas elecciones relacionadas con el estilo de vida que pueden contribuir a disminuir el riesgo de enfermedades cardíacas. Según Mehta, es aconsejable adoptar los 8 hábitos fundamentales propuestos por la Asociación Americana del Corazón. Estas recomendaciones incluyen:
- Adoptar una dieta saludable para el corazón
- Hacer ejercicio con frecuencia
- Dejar de fumar
- Lograr o mantener un peso saludable
- Controlar los niveles de colesterol poco saludables
- Controlar los niveles de glucosa en sangre
- Mantener estables los niveles de presión arterial.
- Dormir lo suficiente y con calidad cada noche
A menudo se ignora la conexión entre la salud mental y la salud del corazón. Factores como el aislamiento social, la soledad y la depresión impactan negativamente en la capacidad de las personas para seguir cambios en su estilo de vida, así como en la adherencia a tratamientos y medicamentos. Esto hace que estos aspectos sean tan cruciales como los componentes de los 8 Elementos Esenciales para la Vida de la AHA. Según Ziegelstein, estos deberían ser considerados como los 9 Elementos Esenciales para la Vida.
Naidu advirtió que, a pesar de cumplir con todos esos requisitos, no se debe asumir que el riesgo es bajo.
“Es recomendable que se reúna con su médico de manera regular, posiblemente desde los 30 años, con el fin de evaluar su historial familiar y otros elementos de riesgo.” En resumen, Ziegelstein enfatizó que reconocer y gestionar los factores de riesgo es crucial para todos.
Gracias por acompañarnos hasta el final de esta historia.
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