Al abordar un autobús, se siente el vaivén causado por las aceleraciones, frenadas y giros del conductor, y expresa en voz alta: “¿No hay forma de estar aquí quieto?” ¿Acaso piensa que habita en un planeta inmóvil?
Es sorprendente, pero estamos sobre un verdadero proyectil. Esto se debe a que nuestro planeta rota sobre su eje a una velocidad que puede alcanzar los 1,600 km/h.
Es verdad que no percibimos la rotación de nuestro planeta. Esto se debe a que siempre nos movemos a la misma velocidad. Es comparable a estar dentro de un tren sobre rieles nuevos: si las ventanas estuvieran cubiertas, podríamos caminar sin problemas y apenas notaríamos el movimiento, salvo por el sonido del tren. Solo somos conscientes del movimiento cuando este cambia. ¿Increíble, verdad?
¿Y si la Tierra se detuviera de golpe?
Imaginemos que ese tren se detiene de repente. Sin querer, nos veríamos obligados a acercarnos al conductor desde nuestro asiento, ya que continuaríamos avanzando a la velocidad del tren. Este fenómeno fue descrito por el científico italiano del siglo XVII Galileo Galilei y más tarde formulado por Isaac Newton en su primera ley: la inercia, que es la tendencia de los cuerpos a mantener su estado de movimiento a menos que algo los detenga o acelere.
Si la rotación de la Tierra se detuviera de manera abrupta, las personas, árboles, edificios y océanos que la habitan seguirían moviéndose por inercia en la dirección de su giro, hacia el este, a más de mil kilómetros por hora.
¿Cómo quedarían el día y la noche?
El planeta se dividiría en dos hemisferios, sin alternancia entre el día y la noche. Un hemisferio estaría siempre iluminado por un Sol estático, provocando un día eterno y caluroso, mientras que el otro estaría en una noche perpetua, extremadamente fría. No habría amaneceres ni atardeceres, solo una estrecha franja de transición entre ambos.
El cielo nocturno también sufriría cambios y se volvería mucho más monótono. Normalmente, las estrellas parecen desplazarse por el cielo debido a la rotación de la Tierra. Sin ese movimiento, las estrellas permanecerían fijas en el firmamento. En el hemisferio nocturno –el único desde el cual podrían ser vistas–, el calendario zodiacal perdería su relevancia, ya que siempre observaríamos las mismas constelaciones, como si todos fuéramos Libra o Acuario, dependiendo del momento en que la Tierra se detuviera.
Los planetas tampoco cruzarían el cielo cada noche. Sin embargo, se podría notar un lento desplazamiento de un día para otro sobre un fondo de estrellas inmóviles, mostrando finalmente el movimiento real de la Tierra alrededor del Sol.
¿Qué ocurriría con la atmósfera y los océanos?
Mientras el aire continuaría fluyendo como lo hace actualmente, hacia el este y a más de mil kilómetros por hora (creando un muro de viento devastador a su paso), los océanos generarían olas gigantes a nivel planetario, similares a las que se observan en el planeta Miller en la película Interstellar (2014). Estas avanzarían sobre los continentes como tsunamis.
Incluso, la gravedad experimentaría un ligero cambio: al dejar de girar, pesaríamos un poco más que en la actualidad.
¿Cómo mediríamos el tiempo en una Tierra inmóvil?
Sin amaneceres ni atardeceres, el día de 24 horas perdería su significado y el tiempo tendría que ser medido con relojes artificiales.
Además, nuestros ritmos biológicos se verían alterados. En un mundo sin rotación, el sueño, la concentración y el estado de ánimo se desajustarían considerablemente. Solo podríamos adaptarnos creando entornos artificiales de luz y oscuridad para seguir adelante.
¿Podríamos vivir en una Tierra que no gira?
A largo plazo, a lo largo de millones de años, el campo magnético del planeta se debilitaría. Este campo nos protege del viento solar y de radiaciones dañinas del espacio gracias al movimiento del hierro líquido en el núcleo terrestre. Sin rotación, ese escudo perdería efectividad y la radiación del Sol y del espacio afectaría a todo el planeta, especialmente a los seres vivos. Esto podría dañar nuestro ADN y aumentar el riesgo de enfermedades.
Por si fuera poco, en el hemisferio iluminado, las temperaturas extremas y la radiación constante del Sol harían muy difícil la vida, al evaporar el agua y alterar gravemente la atmósfera.
En el hemisferio nocturno, esa radiación podría manifestarse en auroras mucho más frecuentes y visibles fuera de las regiones polares. Como menciona Cixin Liu en su relato La Tierra errante, este hemisferio sería extremadamente frío, tanto que el oxígeno y el nitrógeno se solidificarían en la superficie.
Así que, la próxima vez que presencies un amanecer, recuerda la importancia del movimiento invisible de nuestra Tierra. Gracias a él, son posibles el día y la noche continuos, el clima, el tiempo y toda la vida que conocemos.
Gracias por acompañarnos hasta el final de esta historia.
Desde Referente Guatemala Creemos que la información también nos ayuda a comprendernos mejor como sociedad y a observar con mayor atención lo que ocurre a nuestro alrededor.








