Tras ser abandonado por su madre y rechazado por su manada, los cuidadores del zoológico de Ichikawa City, en Japón, decidieron proporcionarle a Punchun un peluche de orangután que actuara como figura materna. Los videos del primate aferrándose a su peluche se han difundido globalmente.
Sin embargo, el apego de Punchun hacia su compañero inanimado no solo sirve para ilustrar un video conmovedor. También evoca la serie de experimentos psicológicos llevados a cabo en los años 50 por el investigador estadounidense Harry Harlow.
Los hallazgos de estos experimentos respaldan muchos de los principios esenciales de la teoría del apego, que sostiene que la relación entre padres e hijos es fundamental para el adecuado desarrollo infantil.
¿En qué consistían los experimentos de Harlow?
Harlow separó a monos rhesus recién nacidos de sus madres y los crió en un entorno donde tenían acceso a dos ‘madres’ sustitutas. Una era una estructura de alambre en forma de mono que proporcionaba comida y bebida a través de un pequeño dispensador. La otra era una muñeca con forma de mono cubierta de felpa. Esta última era suave y acogedora, pero no ofrecía alimento ni bebida; era simplemente una figura peluda a la que el bebé mono podía aferrarse.
Así, había una opción que brindaba comodidad, pero carecía de sustento, y otra que era fría, dura y áspera, pero que ofrecía alimento.
Estos experimentos surgieron como respuesta al conductismo, la teoría dominante de la época. Los conductistas afirmaban que los bebés formaban vínculos afectivos con quienes satisfacían sus necesidades biológicas, como la alimentación y el refugio.
Harlow cuestionó esta noción al proponer que los bebés requieren cuidado, amor y ternura para establecer vínculos afectivos, no solo alimento físico. Un conductista habría esperado que los monos bebés pasaran su tiempo con la ‘madre’ de alambre que les proporcionaba alimento. Sin embargo, la realidad fue diferente: los monos pasaban mucho más tiempo aferrados a la ‘madre’ de felpa.
Los experimentos de Harlow en la década de 1950 subrayaron la importancia de la suavidad, el cuidado y la ternura como base del apego. Harlow demostró que, cuando se les daba la oportunidad, los bebés preferían el alimento emocional al físico.
¿Cómo influyó esto en la teoría moderna del apego?
El descubrimiento de Harlow tuvo un impacto significativo, ya que reorientó por completo la visión conductista predominante en ese momento, que sostenía que los primates, incluidos los humanos, operan en ciclos de recompensa y castigo, formando vínculos afectivos con quienes satisfacen sus necesidades físicas, como el hambre y la sed.
El concepto de alimento emocional no formaba parte del paradigma conductista. Así que cuando Harlow llevó a cabo sus experimentos, desafió radicalmente la teoría vigente. La preferencia de los monos por el alimento emocional, representado por los abrazos a la ‘madre’ cubierta de felpa, sentó las bases para el desarrollo de la teoría del apego.
La teoría del apego sostiene que un desarrollo infantil saludable ocurre cuando un niño tiene un ‘apego seguro’ a su cuidador. Esto se logra cuando los padres o cuidadores ofrecen nutrición emocional, cuidado, amabilidad y atención al niño. Un apego inseguro se produce cuando los padres o cuidadores son fríos, distantes, abusivos o negligentes.
Al igual que con los monos rhesus, un bebé humano puede recibir todo lo que necesita en términos de nutrición, pero si no se le brinda calor y amor, no desarrollará un apego.
¿Qué podemos aprender de Punch?
El zoológico no estaba realizando un experimento, pero la situación de Punchun refleja el experimento controlado que llevó a cabo Harlow. La disposición fue replicada en un entorno más natural, con resultados muy similares.
Al igual que los monos de Harlow preferían a su madre de felpa, Punch ha creado un vínculo afectivo con su compañero de peluche. Lo que no ofrece el episodio del zoológico es la comparación con una opción más “dura” que proporcionara alimento físico.
Sin embargo, es evidente que eso no era lo que deseaba el mono. Buscaba un lugar reconfortante, suave y seguro, y eso es lo que le proporcionaba el muñeco.
¿Fueron éticos los experimentos de Harlow?
Hoy en día, la mayoría del mundo reconoce que los primates tienen derechos que, en ciertos casos, son comparables a los derechos humanos. En la actualidad, consideraríamos los experimentos de Harlow como crueles y despiadados. No se le quitaría un bebé humano a su madre para observar sus reacciones, por lo que no deberíamos hacer lo mismo con los primates.
Es interesante observar cómo la gente sigue fascinada por este paralelismo con un experimento realizado hace más de 70 años. Punchun, el mono, no solo es la última sensación animal en internet, sino que también nos recuerda la importancia del alimento emocional.
Todos necesitamos espacios acogedores. Todos requerimos lugares seguros. El amor y la calidez son mucho más cruciales para nuestro bienestar y funcionamiento que la simple nutrición.

Gracias por acompañarnos hasta el final de esta historia.
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