Los dispositivos móviles y las pantallas han llegado a ser considerados un rito de paso para muchos jóvenes y adolescentes. Con el crecimiento constante de las redes sociales y la necesidad incesante de comunicarse y conectarse, este grupo de jóvenes pasa más tiempo en el mundo digital, lo que está cambiando su manera de socializar, aprender y disfrutar del tiempo libre.
Tanto padres como especialistas en salud mental están advirtiendo y enfrentando el desafío de equilibrar los aspectos positivos y negativos de permitir que sus hijos tengan teléfonos inteligentes desde una edad temprana. Muchos profesionales sostienen que, aunque no hay una solución única, existen formas de mitigar los riesgos y la exposición.
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Promover una comunicación abierta y constante
Un aspecto clave para establecer expectativas sobre lo que es aceptable consiste en iniciar conversaciones tempranas y mantenerlas en curso. Algunos expertos en salud mental sugieren que los padres expliquen a sus hijos desde pequeños cuándo usarán sus teléfonos y den una razón para ello.
Megan Moreno, codirectora médica del Centro de Excelencia en Redes Sociales y Salud Mental Juvenil de la Academia Americana de Pediatría, señaló que los cuidadores necesitan un lenguaje más claro para conectar con sus hijos adolescentes. Propone hacer preguntas como: ¿Qué estás haciendo en este momento? ¿Te está gustando? ¿Estás aprendiendo algo o conectando con alguien? ¿Realmente estás sacando algo de provecho de ello?
Si la respuesta a alguna de estas preguntas es negativa, Moreno sugirió que la conversación puede dirigirse hacia cómo disminuir el uso de las pantallas. Los adultos también pueden ser un modelo de sinceridad al reconocer sus propias luchas, ya sea que se encuentren atrapados en un ciclo interminable de TikTok o que pierdan la noción del tiempo en línea.
Abordarlo como un esfuerzo conjunto ayuda a desviar la dinámica de la supervisión constante hacia una colaboración, lo cual es algo que los adolescentes probablemente consideren más justo.
Moreno mencionó que no hay una edad específica en la que todos los niños estén listos para tener un teléfono inteligente, y que los padres deberían basar su decisión en las necesidades particulares de cada niño.
“Muchos niños con condiciones médicas… [necesitan] controlar su salud con un teléfono”, explicó Moreno. “Existen avances tecnológicos que permiten a los niños gestionar insulina y monitorear su glucosa en sangre, pero eso generalmente requiere un teléfono inteligente”.
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Los adultos pueden servir de modelo
Los especialistas afirman que los niños tienden a imitar el comportamiento de los adultos que los rodean. Por esta razón, cuando los padres piden a sus hijos adolescentes que limiten el uso del teléfono, pero ellos mismos lo utilizan constantemente, esas reglas pueden parecer injustas.
Los niños son expuestos a las pantallas desde una edad temprana, a menudo a través del uso de dispositivos por parte de sus cuidadores, por lo que el modelo parental desde el inicio es especialmente significativo.
“Los jóvenes pacientes me comentan que sus padres entran en una habitación y les dicen: ‘Deja el teléfono. Te estás dañando el cerebro’”, mencionó Moreno. “Al mismo tiempo, los adolescentes observan a esos mismos adultos con los mismos comportamientos por los que se les critica”.
Muchos adultos necesitan tener sus teléfonos cerca para trabajar o en caso de emergencia, pero la forma en que manejan el acceso al teléfono hace la diferencia, según Jennifer Katzenstein, neuropsicóloga pediátrica de la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins.
“Mi hijo sabe que tengo el teléfono conmigo porque estoy de guardia. Estoy dispuesto a dejarlo y hasta activar el timbre, algo que creo que a muchos nos cuesta hacer”, comentó Katzenstein.
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Establecer límites claros y flexibles en conjunto
Las familias difieren en lo que consideran urgente, y esas decisiones a menudo están influenciadas por valores compartidos. Permitir cierta flexibilidad para los mensajes verdaderamente importantes, mientras se mantienen límites generales, puede fomentar la confianza y reducir los conflictos, según los expertos.
Gina Marcello, profesora asociada de la Facultad de Comunicación e Información de la Universidad de Rutgers, explicó que los padres pueden establecer límites simples y concretos: “Como asignar tiempo libre, restringir el uso de dispositivos a ciertas horas o mantener los dispositivos fuera de la mesa”, detalló. “Esos límites son claros y tangibles”.
Cuando los padres aplican a sí mismos los mismos estándares que esperan de sus hijos, es más probable que las reglas sean percibidas como justas en lugar de autoritarias, afirmó Marcello.
Gracias por acompañarnos hasta el final de esta historia.
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