Se calcula que alrededor del 80% de la población experimentará dolor de espalda en algún momento de su vida, y la cantidad de personas que reportan este dolor como crónico ha ido en aumento en los últimos años.
El dolor crónico no es una sorpresa para quienes lo padecen, ya que puede conducir a una mayor irritabilidad, entre otros problemas. Pero, ¿qué sucede con la mayor sensibilidad hacia la luz, los sonidos y el tacto?
Un estudio reciente publicado en Annals of Neurology ha revelado que las personas que sufren de dolor crónico de espalda perciben los sonidos, especialmente aquellos que son desagradables, con mayor intensidad que quienes no padecen dolor. (En la investigación, los participantes escucharon ruidos como el de un cuchillo raspando una botella de vidrio, que puede ser escuchado haciendo clic a continuación).
Los hallazgos sugieren que, en términos generales, los cerebros de estas personas tienden a amplificar la información sensorial negativa, no solo la relacionada con el dolor, según lo expresado por los autores.
Yoni K. Ashar, codirector del Programa de Ciencias del Dolor de la Facultad de Medicina Anschutz de la Universidad de Colorado y autor principal del estudio, indicó que podría haber ‘un regulador de volumen compartido en el cerebro que ajuste tanto la intensidad del dolor de espalda como la percepción de desagrado ante ciertos sonidos’. Sin embargo, enfatizó que se requiere más investigación.
Los hechos
- Según los autores, las personas con dolor de espalda crónico reaccionaron con mayor intensidad a los sonidos desagradables que el 84 por ciento de las personas sin dolor.
- El grado de desagrado manifestado en respuesta a sonidos nocivos se asoció con la gravedad del dolor de espalda.
- Las personas que se sometieron a la terapia de reprocesamiento del dolor (PRT, por sus siglas en inglés), una intervención psicológica emergente destinada a reeducar al cerebro para que interprete el dolor de una manera menos amenazante, experimentaron mejoras notables en la intensidad del dolor crónico de espalda, así como mejoras modestas en la percepción de los sonidos desagradables.
La relación entre el dolor crónico y la hipersensibilidad
La corteza auditiva, ubicada en los lóbulos temporales del cerebro, es la principal responsable del procesamiento del sonido, y áreas más profundas, como la ínsula, contribuyen a moldear la experiencia emocional de las sensaciones, incluyendo el dolor y ciertos sonidos.
En el estudio, los investigadores examinaron escáneres cerebrales de 142 adultos con dolor de espalda crónico y los compararon con los de 51 individuos sin dolor. Utilizando resonancia magnética funcional para monitorear el flujo sanguíneo y otros indicadores, se pidió a los participantes que escucharan sonidos desagradables de baja y alta intensidad y calificaran su nivel de desagrado, como el chirrido de un cuchillo al raspar un cristal.
Los hallazgos mostraron que no solo quienes experimentaban dolor calificaban los sonidos como más desagradables, sino que sus escáneres cerebrales mostraban una respuesta más intensa que aquellos que no sentían dolor.
“Confirmó lo que nos decían, que los sonidos eran realmente más desagradables”, afirmó.
Katherine Martucci, profesora asociada de anestesiología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Duke, quien investiga el dolor crónico pero no participó en el estudio, comentó que estos hallazgos podrían ser útiles para aquellas personas que quizás no asocian su dolor de espalda crónico con la hipersensibilidad a sonidos, luces o presión, condiciones que se vinculan más comúnmente con migrañas o fibromialgia.
No está claro si las personas desarrollan una mayor sensibilidad como consecuencia de su dolor de espalda o si quienes ya tienen hipersensibilidad son más propensos a experimentar dolor crónico, explicó Sean Mackey, jefe de la división de medicina del dolor en la Universidad de Stanford.
De cualquier manera, los resultados del estudio ‘agregan una pieza más al rompecabezas que demuestra que el dolor crónico está vinculado a una amplificación multisensorial más generalizada’, afirmó.
El papel de la terapia del dolor
Los participantes con dolor lumbar crónico se unieron a un ensayo clínico de PRT, que emplea técnicas psicológicas, incluyendo educación y meditaciones guiadas centradas en las sensaciones corporales, para ayudar a reeducar al cerebro y que perciba esas sensaciones de dolor como inofensivas en lugar de peligrosas. Después del tratamiento, experimentaron una leve disminución en la incomodidad que les causaban los sonidos de baja intensidad, pero no con los de alta intensidad. El sistema nervioso a veces interpreta los sonidos de baja intensidad como amenazantes, y la PRT podría ser beneficiosa, indicó Matt Schumann, psicólogo de la Clínica Mayo que aplica la PRT en pacientes con dolor crónico.
“No es inusual que los pacientes con los que trabajo no solo enfrenten dificultades con el dolor crónico, sino también sensibilidad a la luz, los sonidos y otras sensaciones”, comentó.
Schumann destacó que, aunque los resultados del estudio eran alentadores y mostraban algunas mejoras en la sensibilidad auditiva tras la terapia de rehabilitación pulmonar (PRT), la evidencia ‘no era muy sólida y requiere estudios adicionales’, por lo que no es seguro si la PRT sería efectiva para todos aquellos con sensibilidad al sonido.
En el futuro, Ashar expresó su deseo de ver investigaciones que examinen otros sentidos, como la vista, el olfato y el gusto, para determinar si existe ‘un fenómeno de amplificación multisensorial amplio en el dolor crónico’.
Gracias por acompañarnos hasta el final de esta historia.
Desde Referente Guatemala Creemos que la información también nos ayuda a comprendernos mejor como sociedad y a observar con mayor atención lo que ocurre a nuestro alrededor.








