La tercera expedición científica organizada por el Instituto Polar Guatemalteco (Ipogua) ha llegado a su fin, con la participación de una delegación de Guatemala. Esta misión es encabezada por Ricardo Molina, director de la institución, quien está acompañado por José Andrés Figueroa, ingeniero ambiental y jefe de gestión ambiental, y Gabriela Paniagua, química e investigadora de la Universidad Mariano Gálvez (UMG).
En una entrevista a través de Zoom, Ricardo Molina, ingeniero ambiental y director de Ipogua, menciona que esta iniciativa busca acercar la Antártida a Guatemala, reconociendo la importancia de este continente en la regulación del clima global. Esto es especialmente significativo considerando que Guatemala es uno de los países más susceptibles a los efectos del cambio climático.
Se prevé que los viajeros partan de Chile el 1 de abril y lleguen a Guatemala el 2 de abril, jueves.
Molina señala que desde 1991, Guatemala es parte del Tratado Antártico, a través del Decreto 37-91, que regula las actividades en la Antártida y fomenta la paz, la cooperación y el desarrollo de la investigación científica. Esto ha permitido que Guatemala, mediante Ipogua, participe activamente en este contexto internacional.
Molina comenta que su interés por la Antártida surgió durante su formación universitaria, cuando vio la posibilidad de que Guatemala se uniera a este grupo de naciones con presencia científica en el continente antártico. Desde entonces, ha trabajado para posicionar al país en expediciones internacionales.
En la actualidad, el Instituto cuenta con un equipo multidisciplinario de ocho miembros, incluyendo biólogos, químicos, ambientalistas, historiadores y artistas, con presencia en la Ciudad de Guatemala, Sololá y Huehuetenango, donde se encuentra su sede.
La ubicación de la sede de Ipogua en Huehuetenango forma parte de un esfuerzo por descentralizar la ciencia, buscando que esta llegue a más regiones, según indica Molina.
La expedición
La más reciente expedición, la tercera organizada por el Instituto —la primera tuvo lugar en 2013—, estuvo compuesta por tres integrantes:
- Ricardo Molina, jefe de misión
- José Andrés Figueroa, ingeniero ambiental y jefe de gestión ambiental del Instituto
- Gabriela Paniagua, química e investigadora de la Universidad Mariano Gálvez
La misión se llevó a cabo durante 30 días, comenzando el 28 de febrero y concluyendo el 30 de marzo. El equipo regresará a Guatemala el 2 de abril, donde iniciará un nuevo proceso.
El objetivo principal fue mostrar la ciencia guatemalteca en uno de los lugares más remotos del planeta, abordando temas como la contaminación, el cambio climático y la cooperación internacional.
Uno de los estudios fue liderado por la doctora Paniagua, quien investiga la presencia de microplásticos en el aire. A través de muestreos, analizó cómo estas partículas llegan hasta la Antártida, evidenciando el impacto humano en ecosistemas que parecen estar intactos.
Por su parte, Molina dirigió un estudio sobre la vegetación, específicamente la recolección de musgos, con el propósito de crear la primera colección botánica antártica en Guatemala. Esta iniciativa busca documentar la biodiversidad del continente y generar material para futuras investigaciones científicas.
El ingeniero José Andrés Figueroa fue responsable de asegurar que todas las actividades se llevaran a cabo de acuerdo con las normativas del Tratado Antártico, en particular el Protocolo de Madrid, y de garantizar un impacto mínimo en el ecosistema.
Las muestras recolectadas serán analizadas en Guatemala. El estudio de microplásticos se llevará a cabo en los laboratorios del Instituto de Investigaciones Biofísicas, Químicas y Biológicas (I-2QB3) de la Universidad Mariano Gálvez, mientras que el análisis de flora se realizará en el Instituto Polar Guatemalteco.
Se espera comenzar los análisis en mayo, obtener resultados preliminares en diciembre y publicar los resultados finales en aproximadamente un año.
Molina resalta que la investigación científica en la Antártida es fundamental para que Guatemala tenga voz en las decisiones internacionales relacionadas con este continente.
Vida en la Antártida
Según Molina, la experiencia es comparable a llegar a ‘otro mundo’. La Antártida se distingue por su aislamiento extremo, la falta de infraestructura convencional y condiciones climáticas severas.
Los vientos pueden alcanzar velocidades de hasta 300 km/h, y hay períodos de seis meses con luz continua o completa oscuridad. Durante su estancia, el equipo vivió el verano antártico, con luz solar constante incluso en la madrugada.
Es posible observar pingüinos en su hábitat natural —hay seis especies presentes—, mientras que los osos polares no están presentes, ya que solo habitan en el Ártico.
La alimentación depende de operaciones logísticas complejas: dos veces al año, buques rompehielos abastecen las bases con víveres. Esto resulta en una dieta limitada y repetitiva, basada en productos como arroz, papa o carne.
Gracias por acompañarnos hasta el final de esta historia.
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