La familia se reúne en Navidad para intercambiar obsequios. Uno de los hijos, lleno de emoción, trae una caja adornada con una cinta roja y se la entrega a su hermana, quien, al recibirla, la abre de inmediato. Para su sorpresa, dentro encuentra un cachorro de color marrón claro que, temeroso, observa a quien será su nueva dueña.
La hermana lo abraza y, conmovida, se deja llevar por las lágrimas de felicidad, ya que siempre ha amado a los perros, pero nunca había tenido uno y nunca se cuestionó si estaba preparada para brindarle los cuidados que necesitaría durante toda su vida.
Al llevarlo a casa, se percata de que el cachorro come más de lo que había anticipado. ‘Un gasto más’, se lamentó. Una amiga le preguntó si ya lo había llevado al veterinario para una revisión y para iniciar su calendario de vacunación; si ya le había enseñado a hacer sus necesidades en un lugar específico; si sabía cómo entretenerlo cuando regresara a trabajar en enero para evitar que hiciera travesuras, o a qué horas lo sacaría a pasear. Tantas preguntas para las que no tenía respuestas.
Con el paso de los días, solo pensaba en lo complicado que era cuidar al perro, que requería atención y cuidados. No se sentía lista para asumir tal responsabilidad, así que, en enero, decidió regalarlo, sin preguntar si el nuevo dueño era adecuado para cuidarlo. La ilusión de tener una mascota se desvaneció rápidamente y el único afectado fue el cachorro.
Situaciones como esta continúan ocurriendo con frecuencia durante estas fechas, cuando la costumbre de regalar mascotas para las festividades de fin de año entusiasma a quienes no son conscientes de que un animal no es un objeto.
“Regalar un perro o un gato puede tener graves consecuencias para el animal, como el abandono. Cuando las personas obsequian mascotas, no consideran las responsabilidades que implica cuidarlas. Cuando se dan cuenta de que no pueden o ya no desean hacerlo, los abandonan”, afirma Vanessa Granados, veterinaria con maestría en Ciencia Animal y profesora de Fisiología Animal y Bioética en la Universidad del Valle de Guatemala. “Además, los animales pueden ser maltratados o descuidados, lo que puede ocasionar problemas de salud y comportamiento”, añade.
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“También puede tener repercusiones para la persona que recibe al animal. Cuidar de una mascota puede resultar estresante para quienes no están preparados. Además, puede ser costoso, desde la alimentación y atención veterinaria hasta los juguetes y accesorios, entre otros”, menciona Granados, quien también señala que requiere tiempo y dedicación, lo que puede interferir en la vida personal y laboral de alguien que no está listo para asumir esa responsabilidad.
Es aún más preocupante regalar a un niño un animal como si fuera un juguete, cuando este no tiene la capacidad ni los recursos económicos para hacerse cargo de un ser vivo, ni en su cuidado ni en su relación con él.
“Regalar animales es un impulso de la temporada, pero no significa que la persona esté dispuesta a asumir la responsabilidad de un animal, que acaba convirtiéndose en una carga”, dice Pablo Yos, abogado especializado en Bienestar Animal. “Como es una adquisición irresponsable y no deseada, el animal tiende a ser regalado, abandonado o, en el mejor de los casos, entregado a un refugio”, indica.
Yos recuerda que el abandono de animales es una falta grave, según el artículo 61 de la Ley de Protección y Bienestar Animal, la cual se sanciona con ocho salarios mínimos.
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Si se desea regalar un perro o un gato, es crucial preguntar a la persona que lo recibirá si está dispuesta a comprometerse con la responsabilidad de cuidar de la mascota, para garantizarle una buena calidad de vida y evitar su abandono.
“En lugar de regalar animales, hay alternativas más adecuadas como donar a un refugio local, ya sea con suministros o dinero, lo que puede ayudar a los animales necesitados y convertirse en un acto navideño de generosidad”, concluye Granados.
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Gracias por acompañarnos hasta el final de esta historia.
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