“Este hermoso niño, aunque pequeño, es conocido por todos como el rey del cielo”, afirmaba el
En su obra titulada Calles y caminos del santo Hermano Pedro de San José de Betancur, Gustavo González Villanueva narra un episodio que tuvo lugar en el primer domingo de Adviento. Aquellos que se hallaban a su lado le inquirieron sobre el contenido de la copa de su sombrero, que sostenía con su brazo izquierdo. Con una sonrisa, el Hermano Pedro les mostró el interior del sombrero, donde había colocado un grabado de la Santísima Virgen y San José, adornado con pequeñas flores silvestres. Los presentes se rieron, y el Hermano Pedro les explicó que debían prepararse, ya que el nacimiento del Niño Jesús se acercaba.
“Realizar una confesión general adecuada y dedicar tiempo a rezar el rosario cada día constituía una preparación excelente”, compartió. Además, Villanueva menciona que, con la llegada de la Navidad, el Hermano Pedro organizaba encuentros con los niños para practicar canciones y rendir homenaje a la Santísima Virgen y a San José.
La alegría del Hermano Pedro se manifestaba en un nacimiento que cada año se expandía más; incorporaba un mayor número de flores y pajarillos, y ofrecía un sinfín de curiosidades y sorpresas. Las figuras de innumerables ángeles y pastores, elaboradas en madera, barro o tusa, cobraban vida al ser interpretadas por niños y niñas disfrazados de ángeles y robustos pastores. Encabezados por el Hermano Pedro, entonaban canciones y danzaban con entusiasmo. Además del nacimiento, se instauró la tradición de rezar el Desamparo en la noche del 24 de diciembre. La Virgen y San José, retratados como peregrinos, solicitaban posada a través de los cantos y oraciones de los pequeños que el Hermano Pedro guiaba por las calles de la ciudad.
Las Posadas
El rector del templo de San Francisco El Grande, Fray Edwin Alvarado, relata que, en sus inicios, estas celebraciones tenían lugar frente a las fachadas de las iglesias. En esa época, no se permitía la instalación de nacimientos en los hogares; únicamente los templos contaban con la autorización para ello. Durante el recorrido, que involucraba a los niños de la comunidad, así como a religiosos y religiosas, se llevaban a cabo cantos y danzas.
“Su deseo era que la Navidad se organizara según nuestras tradiciones”, comenta Alvarado. Además, el clérigo menciona que se confeccionaban rosarios de manzanilla.
La costumbre tiene como objetivo rememorar el trayecto de José y María rumbo a Belén, además de simbolizar la disposición del pueblo de Israel para acoger al Salvador. En el transcurso de la procesión, se lleva a cabo una lectura y una oración, se reza un misterio del santo rosario y se entonan las letanías. No es preciso cantarlas en su totalidad; se interpretan solo las partes que se ajustan a la duración de la procesión. Al llegar a la entrada del lugar que ofrecerá hospedaje a los peregrinos, se recita la antífona del rosario.
Este es un símbolo que ilustra la búsqueda de un refugio por parte de José y María, mientras intentan hallar un sitio adecuado para el nacimiento del Niño Dios. Los cantos también son un elemento fundamental de esta costumbre.
La tradición se llevará a cabo en el año 2025, iniciando el martes 16 y concluyendo el miércoles 24 de diciembre. Este evento se extiende a lo largo de nueve días, simbolizando los nueve meses de gestación de la Virgen María, tal como lo detalla Alvarado.
Según el doctor en Historia Aníbal Chajón, “las novenas han formado parte del catolicismo desde aproximadamente la Edad Media”. Esto significa que, cerca de diez siglos después, durante la época colonial, ya eran bien conocidas tanto por los clérigos como por los fieles. “Aunque no eran algo nuevo, hallaron en ellas una manera de propagar la fe”, añade. La particularidad que menciona es que, al incorporarse el peregrinaje de imágenes sobre andas —promovido por el Santo Hermano Pedro—, adquirieron un carácter festivo en el contexto guatemalteco. Al concluir la posada, es habitual disfrutar de ponche o alguna bebida caliente, y en ciertos hogares se ofrece una merienda.

En el capítulo 2, versículos 4 al 7 del libro de Lucas se narra que José se trasladó desde Nazaret, en Galilea, hacia Judea, específicamente a Belén, la ciudad de David, ya que pertenecía a la línea y familia de este rey. Su propósito era registrarse junto a María, su esposa, quien se encontraba en estado de gravidez. Mientras se encontraban allí, llegó el momento de que ella diera a luz. Así, María tuvo a su primogénito, lo envolvió en pañales y lo colocó en un pesebre, dado que no había espacio disponible para ellos en la posada.
Los nacimientos o belenes
Una investigación llevada a cabo por National Geographic revela que las primeras imágenes relacionadas con el nacimiento de Jesús se encuentran en las catacumbas romanas. En particular, destaca un fresco datado a principios del siglo II, ubicado en la Capella Greca, dentro de las catacumbas de Priscila en la Vía Salaria de Roma. Esta obra retrata a la Virgen María sosteniendo al Niño Jesús, quien está envuelto en pañales, mientras que ante ellos se presentan los tres magos de Oriente, ataviados con túnicas cortas. Casi doscientos años más tarde, en el año 320, se estableció oficialmente el 25 de diciembre como la fecha del nacimiento de Cristo, coincidiendo con la celebración romana del Sol Invictus, que conmemoraba el solsticio de invierno.
En el año 1223, Tomás de Celano, quien se encargó de escribir la biografía de San Francisco de Asís, narró un evento significativo que tuvo lugar en la noche de Navidad. Este año marca el 802 aniversario de aquel acontecimiento. San Francisco de Asís decidió recrear el nacimiento de Jesús, trasladando esa experiencia a una cueva en un encantador pueblo italiano conocido como Greccio.
En ese lugar, dispuso el pesebre, rodeado de heno, junto al buey y el asno. La multitud reunida expresó una alegría indescriptible, una emoción jamás sentida antes, ante la representación de la Navidad. Posteriormente, el sacerdote llevó a cabo la Eucaristía de manera solemne en el pesebre, simbolizando la conexión entre la Encarnación del Hijo de Dios y la Eucaristía. En ese momento, Greccio no contaba con estatuillas: el belén era creado y vivido por los asistentes, tal como se detalla en el libro El belén del papa Francisco, publicado en 2023. “Estoy convencido de que el primer belén, que realizó una notable obra de evangelización, puede hoy también generar asombro y admiración. Así, lo que san Francisco inició con la simplicidad de aquel símbolo perdura hasta la actualidad, como una expresión auténtica de la belleza de nuestra fe”, escribió el papa Francisco, quien falleció en abril de 2025.
Durante la Edad Media en Europa, las ceremonias de nacimiento se realizaban exclusivamente en las iglesias. Con la llegada del Renacimiento, los belenes, que consisten en pesebres con figuras talladas, se convirtieron en una costumbre arraigada, la cual los españoles llevaron al Nuevo Mundo a partir del siglo XVI. Aunque a menudo se atribuye la introducción de los nacimientos y las posadas al Santo Hermano Pedro, es probable que estas prácticas ya existieran en Guatemala antes de su llegada. Sin embargo, su contribución a la difusión de estas tradiciones franciscanas en toda Latinoamérica es innegable”, señala Miguel Torres, integrante de la Academia de Geografía e Historia de Guatemala, en su estudio. “En nuestro país, los nacimientos en los hogares comenzaron a aparecer con delicadas imágenes en miniatura. El Santo fue clave en la popularización de estas tradiciones navideñas al llevarlas de las iglesias a los hogares. En Guatemala, los nacimientos se enriquecieron con elementos de las tradiciones prehispánicas, como la incorporación de una variedad de frutas y hojas aromáticas o decorativas”, añade Torres.
¿Qué se conoce del Santo Hermano Pedro?
El 19 de marzo de 1626, coincidiendo con la festividad de San José, vio la luz en Vilaflor de Chasna, uno de los pueblos más elevados de España, situado en la isla de Tenerife, parte del archipiélago canario. En la actualidad, este archipiélago se compone de siete islas: Lanzarote, Fuerteventura, Gran Canaria, Tenerife, El Hierro, La Gomera y La Palma.
Amador González de la Rosa, quien adoptó el apellido de su abuelo materno, Juan Betancur, y Ana García, ambos originarios de Vilaflor, fueron los padres de una figura relevante en la historia. Su llegada a Guatemala marcó un hito, ya que su influencia perdura en las tradiciones, costumbres y devociones que siempre aspiró a compartir con la comunidad, especialmente con los más pequeños. En el libro titulado “Los caminos del Hermano Pedro: de la comarca de Chasna en Tenerife al valle de Panchoy en Guatemala”, escrito por José Juan Cano Delgado y Miguel Francisco Torres Rubín, se relata que el Hermano Pedro arribó a la actual Antigua Guatemala en un estado de salud muy deteriorado, tras haber sufrido múltiples hambres y fiebres en condiciones adversas. Su llegada al país se produjo el 18 de febrero de 1651. Al llegar al cerro Buena Vista, en Petapa, experimentó una profunda emoción al contemplar la hermosa ciudad, repleta de iglesias y conventos, que en ese entonces era una de las urbes más destacadas de América, junto a México y Lima.
Se puso de rodillas, ocultando su rostro bajo la capa, y dedicó una oración a la Reina de los Ángeles. Al levantarse, pronunció su célebre declaración: “Aquí he de vivir y morir”. También es famosa la historia que relata que, al llegar el Hermano Pedro a un pequeño puente sobre el río Pensativo, conocido como el puente de las Monjas de la Concepción o puente del Matasano, a las 14 horas, se inclinó para besar la tierra, momento en el que se desató una serie de temblores que se extendieron hasta el día siguiente. Varios edificios y templos en la ciudad colonial resultaron afectados estructuralmente. Lleno de miedo y desconcierto, el Hermano Pedro se arrojó al suelo y exclamó: “¡Ay, Señor! Ya veo que, por la entrada de un pecador como yo, envías este castigo a esta ciudad”.
Gracias por acompañarnos hasta el final de esta historia.
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