
En medio de hilos y puntadas que entrelazan legado y costumbres, los artesanos del bordado religioso adornan las impresionantes figuras que transportan la devoción, la espiritualidad y la herencia católica a las avenidas de Guatemala.
Las hermandades y los devotos confían en la habilidad de los artesanos bordadores para crear las vestimentas que visten las imágenes durante la Cuaresma y la Semana Santa, mientras recorren las calles y avenidas del país. Cada manto y túnica, que lucen con majestuosidad, es meticulosamente elaborado a mano, con cada puntada reflejando la fe y la devoción de los bordadores en este significativo periodo litúrgico.
Los bordados narran una historia que va más allá de la simple imagen, abarcando también el anda procesional y las personas que, como parte de una promesa, donan estas obras a las hermandades. Su origen se sitúa en la época colonial, cuando las túnicas llegaban desde Europa; no obstante, fue a finales del siglo XIX y a lo largo del siglo XX cuando el bordado en hilos de oro alcanzó su máximo esplendor en talleres como los de la Casa Central.
Según el historiador Mauricio Chaulón, durante el periodo colonial se empleaban túnicas tanto simples como adornadas con características del barroco, las cuales, aunque no coinciden exactamente con los bordados contemporáneos, presentan ciertas analogías. Más adelante, a partir del siglo XIX, los bordados en oro y plata, inspirados por las tradiciones andaluzas y el estilo francés, ganaron prominencia gracias a la influencia del neoclasicismo.
A partir de ese momento, el arte de bordar túnicas y mantos destinados a las figuras religiosas ha adquirido una relevancia fundamental en las festividades litúrgicas de la Semana Santa en Guatemala. La incorporación de estos elementos es clave para que esta práctica sea considerada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.
Lecturas recomendadas
Las imágenes procesionales, desde los emblemáticos mantos de la Cuaresma, como el de Jesús Nazareno de la Caída en Antigua Guatemala, hasta la indumentaria de la Virgen que acompaña al Señor Sepultado, exhiben bordados que evocan el periodo litúrgico.
El bordado en Guatemala
La llegada de la influencia española introdujo el arte del recamado en el país. David Bravo, quien ha dedicado más de 13 años al bordado, explica que las túnicas bordadas fueron traídas a Guatemala a través de las prendas provenientes de España, que incorporaban elementos tanto franceses como ibéricos. Con el tiempo, estas prendas comenzaron a ser elaboradas localmente, en particular en la Casa Central, donde las religiosas crearon las primeras piezas utilizando técnicas mixtas que adaptaron a un estilo característico.
Este fenómeno estableció una tendencia que fue potenciada por el bordador Ramiro Gálvez, considerado uno de los precursores en nuestra nación. De acuerdo con Bravo, su labor tuvo un impacto significativo en la indumentaria empleada en las imágenes de las procesiones.
La era digital ha impactado significativamente la transformación de este oficio, generando diversas modalidades laborales en Guatemala. Entre ellas se encuentran el bordado español, el bordado tradicional, el bordado en canutillo y el popularmente denominado “bordado de monja”. Estas técnicas, señala, son parte de una herencia cultural que se mantiene activa debido al deseo de preservar y donar piezas para las imágenes de veneración.
Procesos de bordado
Con una trayectoria de 26 años en el arte del bordado religioso, Alejandro Juárez Toledo detalla que el primer paso del proceso ocurre cuando una hermandad, cofradía o un donante se presentan con una propuesta. A partir de esa idea inicial, se elabora un diseño en papel que se somete a aprobación, momento en el que se eligen los colores y se realizan los ajustes necesarios antes de dar inicio al bordado.
Según indica, “la técnica que empleamos es la original, utilizada desde hace 700 años, conocida como bordado a realce” o recamado. El proceso inicia en bastidores con manta, seguido de un tratamiento de almidonado. Posteriormente, se recorta antes de ser transferido a la tela definitiva, que suele ser terciopelo, aunque también se utilizan otros materiales como brocado o seda.
A lo largo del procedimiento, se utilizan diversas puntadas que crean efectos de brillo, relieve y matices en el diseño. Estas diferencias contribuyen a evitar la monotonía de superficies planas y añaden dinamismo a la pieza, ofreciendo variados niveles de volumen y tonalidades doradas.
Juárez menciona que el periodo de producción depende del tamaño y la complejidad del proyecto. Resalta la importancia del tiempo en este proceso, ya que, por ejemplo, las imágenes de las dolorosas emplean mantos de dimensiones considerables, que pueden alcanzar hasta 12 metros cuadrados, lo que implica un esfuerzo que puede tardar entre 10 y 11 meses en completarse.
David Bravo detalla que el procedimiento incluye la cotización, el diseño, y las fases de bordado, ensamblaje y confección final del producto. Según su experiencia, la duración del proceso varía en función del número de personas involucradas en la elaboración de una única pieza y su tamaño.
Técnicas de bordado
Según Bravo, en Guatemala, la gran mayoría de las piezas se confecciona utilizando hilo metalizado. “El 95% de la producción aquí se realiza con hilo metalizado. Este es el hilo convencional, el que todos conocemos, que no es de oro, ya que es sintético”, aclara.
Sin embargo, en ciertos trabajos se utilizan hilos recubiertos de oro, lo que añade un nivel de complejidad al proceso. “El bordado en oro requiere un poco más de esfuerzo, ya que el manejo del material es sumamente delicado”, señala.
Según Bravo, en el país se pueden encontrar diversas técnicas, destacando entre ellas el bordado tradicional, el cual se realiza directamente sobre la tela sin emplear puntadas.
Giovanni Sagastume, un experimentado bordador de arte sacro con una década en el oficio, explica que su labor incluye una rica diversidad de puntadas de raíz española, las cuales han sido adaptadas a los recursos que se encuentran en Guatemala. “Existen diversas puntadas que se denominan españolas, ya que su origen es en España, y las hemos ido incorporando a nuestro trabajo”, aclara.
Bordado artesanal
Sagastume subraya la importancia de apreciar el recamado por su naturaleza artesanal y el tiempo que requiere cada creación. “Es fundamental reconocer el valor del bordado, ya que el trabajo manual aporta un valor añadido. Dado que se destina a algo sagrado, demanda un cuidado y una dedicación especiales”, sostiene.
Alejandro Juárez señala que uno de los principales desafíos radica en el uso de hilos recubiertos de oro o plata, por su fragilidad y su elevado precio. “Un hilo que está bañado en oro o plata puede variar en calidad. El oro fino representa la mejor calidad, que se refiere a un hilo de plata que ha sido recubierto con oro”, aclara.
Añade que, si bien ambos materiales son de buena calidad, su comportamiento varía con el tiempo. “El envejecimiento es más fino; el otro se pone anaranjado con el paso del tiempo”, señala. Además, las técnicas para bordar con estos deben ser las correctas para evitar errores.

Ajuar de la Santísima Virgen de Dolores de la procesión del Templo de San Bartolomé Becerra 2026
Taller de Bordado María Auxiliadora
Elementos esenciales
Giovanni Sagastume explica que el diseño de cada pieza parte, en gran medida, del gusto del cliente, ya sea una hermandad o un donador. En ese sentido, indica que los elementos incluidos en los bordados suelen responder a significados religiosos o a intenciones particulares.
Como ejemplo, menciona una túnica elaborada en acción de gracias, en la que el diseño integró tejas de casa dentro de arabescos. Aunque, a simple vista, parecían detalles florales, representaban el agradecimiento del donador por haber adquirido su vivienda.
No obstante, Sagastume subraya que existen límites claros en este arte. Explica que las vestimentas deben respetar la iconografía y el carácter sagrado de las imágenes. Por ello, se cuidan aspectos como los escotes, los largos y la elección de colores, a fin de evitar elementos que rompan con la tradición religiosa.

Ajuar soledad de la Escuela de Cristo Antigua Guatemala
Óscar Jiménez

Túnica para Jesús del Consuelo elaborado por David Bravo
Mario Gil
¿Cómo ha evolucionado la técnica del bordado en Guatemala?
Alejandro Juárez explica que el recamado en Guatemala ha pasado por distintas etapas. Señala que una de las más importantes fue la influencia de las Hermanas de la Caridad, de la Casa Central, quienes enseñaron este arte a varias generaciones. “En Guatemala enseñaron a muchas muchachas a hacer este arte”, indica.
Este período estuvo marcado por el predominio del bordado de estilo francés, cuyas piezas aún pueden observarse en imágenes de gran veneración, tanto en la Ciudad de Guatemala como en Antigua.
Posteriormente, el bordado experimentó una disminución en su producción. “Hay una pausa de algunos años y bajó la producción”, comenta. Durante ese tiempo, resalta la figura del maestro Ramiro Gálvez, a quien reconoce como uno de los principales referentes del oficio en el país.
Con el paso de los años surgió una nueva influencia: el recamado sevillano. “Si comparamos un bordado francés con uno sevillano, cambia mucho. Es otro estilo”, explica.
Este estilo se caracteriza por una mayor carga ornamental y una tendencia hacia lo barroco, con diseños más elaborados. Juárez añade que esta influencia ha sido reforzada por el acceso a información a través de internet, lo que ha permitido a los artesanos guatemaltecos acercarse más a las tendencias ibéricas que a las galas.
“Esa influencia ha hecho que nuestros trajes sean más en esa línea”, afirma. En su caso, menciona que su formación en talleres de Sevilla y cursos en Italia le permitieron perfeccionar su técnica y consolidar su trabajo.

El rincón del Cucurucho Guatemala

El rincón del Cucurucho Guatemala
¿Existen técnicas de bordado propias de Guatemala?
David Bravo señala que, aunque existen diversas influencias, hay una técnica que puede considerarse propiamente guatemalteca “El único que podría decir que es 100% de Guatemala es el bordado que hacía don Ramiro Gálvez”, afirma.
Este estilo, conocido como bordado tradicional, se consolidó durante una época en la que el maestro Gálvez y sus alumnos marcaron la pauta en el país, aunque en su mayoría son influencias extranjeras.
Para los bordadores, realizar este trabajo es como una ofrenda y un reconocimiento a Jesús, pues el hecho de elaborar vestimentas recamadas de manera artesanal les recuerda épocas pasadas, cuando los reyes eran revestidos con este tipo de materiales. Esto, según Sagastume, simboliza el reconocimiento de Cristo como rey.
Los tres artesanos entrevistados destacan que el bordado es un elemento fundamental dentro de la Semana Santa, al formar parte directa de la imagen. “El bordado definitivamente es uno de los elementos principales, porque va lo más cercano a la imagen”, señala Bravo.
Explica que, aunque existen otros elementos como adornos o altares, las túnicas y los enseres —como coronas, cruces y resplandores— son esenciales en la representación religiosa.
Gracias por acompañarnos hasta el final de esta historia.
Desde Referente Guatemala Creemos que la información también nos ayuda a comprendernos mejor como sociedad y a observar con mayor atención lo que ocurre a nuestro alrededor.

















