En la Escuela de Formación Agrícola (EFA) de Cobán, Alta Verapaz, un docente está revolucionando la educación de sus alumnos al incorporar inteligencia artificial (IA) y realidad virtual (VR) en su enseñanza. Estas herramientas no solo refuerzan las habilidades agropecuarias de los estudiantes, sino que también generan un impacto positivo en la comunidad.
Su pasión por la enseñanza lo ha motivado a crear proyectos innovadores. Uno de los más destacados es el “Agrogaming”, una metodología que se basa en el Aprendizaje Basado en Juegos (ABJ), permitiendo a los estudiantes simular cultivos, abordar problemas reales del sector agrícola y mejorar sus habilidades a través de un aprendizaje práctico y divertido.
Esta iniciativa lo ha colocado entre los 50 finalistas del Global Teacher Prize 2026, un galardón considerado el “Nobel de la Educación”. Es la primera vez que un guatemalteco se encuentra entre los mejores educadores a nivel mundial.
Además de esta propuesta, Fetzer está promoviendo otros proyectos que se centran en la lectura, el pensamiento crítico y el desarrollo de habilidades blandas, con el fin de formar ciudadanos capaces de afrontar los desafíos del futuro.
¿Cómo nace su vocación por ser docente?
Provengo de una familia de educadores. Mi madre fue maestra y, al no tener con quién dejarme, me llevaba con ella desde los tres años a la aldea Tzacanihá en Carchá, Alta Verapaz, donde trabajaba. Allí crecí observando cómo impartía sus clases y cómo desarrollaba proyectos comunitarios.
En aquella época —a finales de los años 90 y principios de 2000— el papel del educador gozaba de un gran respeto, especialmente en las comunidades. Mi madre, junto a otras seis maestras, lideraba la escuela y ejecutaba proyectos de gran relevancia. Se comprometían plenamente con la comunidad, enseñando no solo materias académicas, sino también habilidades prácticas para la vida, como tortear, coser, producir y vender.
Fue en ese contexto donde entendí que el docente es fundamental para dar sentido al currículo. Desde pequeño, observé cómo, a pesar de contar con recursos limitados, buscaban soluciones y generaban un impacto significativo.
Durante mi educación en primaria, secundaria y diversificado, tuve la suerte de encontrar maestros que influyeron en mi vida. A ellos les agradezco mi pensamiento crítico, mi capacidad analítica y mi habilidad de expresión verbal. No se limitaban a transmitir conocimientos; se enfocaban en fomentar habilidades. Entraban al aula con entusiasmo y alegría por enseñar.
Estudiantes desarrollaron un hidrogel—un biopolímero que retiene humedad en las plantas y es resistente al cambio climático—como parte de los proyectos promovidos por César Fetzer. (Foto: Cortesía César Fetzer).
Siento que mi vida me ha llevado hacia la docencia. Desde los 9 años sabía que quería ser maestro y también psicólogo. Hoy en día soy maestro de educación primaria, psicólogo profesional y tengo la certificación como neuropsicoeducador.
Para mí, esto va más allá de una vocación; es una filosofía de vida. Mi madre fue mi mayor inspiración, pero también mis maestros y mi familia, ya que mis tíos y abuelos también fueron docentes. Esa herencia ha marcado mi trayectoria.
¿Cómo nace Pentágono de la Comprensión Lectora?
El Pentágono de la Comprensión Lectora es una estrategia que yo desarrollé. Aunque he creado varias metodologías, esta surgió de mi trabajo como profesor de Idioma Español-Comunicación y Lenguaje en la Escuela de Formación Agrícola. Siempre he sido consciente de que una de las principales debilidades del sistema educativo es la comprensión lectora —junto con la matemática— y que la pandemia cambió radicalmente la forma de enseñar.
Desde hace diez años, he estado trabajando en este proyecto con el propósito de desarrollar competencias críticas y motivar a los estudiantes a leer. Consiste en realizar actividades basadas en cinco pilares para mejorar las competencias lectoras: 1. Práctica, 2. Movimiento, 3. Interiorización, 4. Relación y 5. Emoción; estas combinaciones han permitido elevar los niveles de comprensión entre mis estudiantes.
De esta búsqueda, creé un ecosistema que llamé “Agrometaverso”, una estrategia de aprendizaje inmersivo que integra inteligencia artificial, realidad virtual, realidad aumentada y agrogaming. La idea es generar simulaciones que conecten el aprendizaje con la realidad.
El agrogaming se originó a partir del videojuego “Farming Simulator”, una aplicación que mis estudiantes utilizaban con entusiasmo para simular fincas y cultivos. Allí vi una oportunidad y me pregunté: “¿Por qué no usar esta herramienta para desarrollar competencias lingüísticas y pensamiento técnico-agrícola?”.
Así que diseñé un plan en el que los alumnos presentan, de manera digital y simulada, sus propias fincas. Con esto, integré comprensión lectora, expresión oral y desarrollo verbal.
Mi enfoque principal es fortalecer habilidades blandas: pensamiento crítico, resolución de problemas, creatividad, comunicación asertiva y trabajo en equipo. Además, promuevo competencias verdes, que son esenciales en la formación de Peritos Agrónomos, especialmente en un contexto donde el tema ambiental es crucial a nivel global.
Utilizando gafas de realidad virtual, los estudiantes pueden explorar prácticas agrícolas en diferentes entornos y analizar soluciones aplicables a su comunidad. El objetivo es formar ciudadanos globalizados, capaces de abordar problemáticas locales.
Esta propuesta fue la que captó la atención del jurado internacional del Global Teacher Prize, y me llena de orgullo que se reconozca una iniciativa que nació en el aula.

César Guillermo Fetzer Paz viajó a Dubái, donde se realizó la entrega del Global Teacher Prize. (Foto: MAGA)
¿Qué significa ingresar en el Global Teacher Prize?
He trabajado en este proyecto durante cinco años. Siempre supe que existía el Global Teacher Prize, pero también entendía que mis iniciativas debían madurar para competir en el ámbito internacional. Por eso planifiqué cada paso. Yo soy de la idea de que los sueños no se cumplen, se trabajan.
Cuando envié la postulación, lo hice con convicción, aunque con humildad. El 8 de diciembre recibí una videollamada desde Buenos Aires, Argentina, para darme la noticia. Fue sorpresivo y, al mismo tiempo, el resultado de un proceso que venía construyendo desde hace años. Recuerdo que me emocioné hasta las lágrimas y le di gracias a Dios, ¡Fue un sueño cumplido!
Tengo claro que es la primera vez que un docente guatemalteco entra en este ranquin mundial. Soy el primero, pero no quiero ser el único. Espero que, en las próximas ediciones, más maestros del país participen y logren posicionarse, como ya ocurre en otras naciones de la región.
Para mí, este reconocimiento simboliza el fruto de 12 años de trabajo en el aula. Puede parecer una trayectoria corta, pero ha sido intensa y significativa. Representar a Guatemala en un escenario internacional era un sueño personal: portar la bandera del país desde la educación, así como otros lo han hecho en el deporte o la ciencia.
Hoy lo asumo con gratitud hacia Dios, mi familia, mis alumnos y mi escuela, que han sido parte fundamental de este proceso.
Fetzer fue seleccionado entre 50 finalistas del Global Teacher Prize 2026, considerado el nobel de la educación. (Foto : Cortesía César Fetzer).
¿Es necesario actualizar la metodología en el país?
Cuando comparo la educación de Dubái con la de Guatemala, encuentro una diferencia clara: ellos se centran en habilidades, y nosotros, en conocimientos. Ese es el punto medular.
En mi opinión, el sistema debería fortalecer las competencias emocionales, la educación financiera y el emprendimiento —que ya existe, pero puede transformarse—, así como la nutrición, la planificación familiar, la ciudadanía y el liderazgo. Las habilidades blandas tendrían que ser un eje transversal, mientras que los contenidos funcionarían como eje vertical.
Diversos estudios, como los de Rafael Bisquerra, señalan que el 80% del éxito de una persona está relacionado con su educación emocional. Sin embargo, en las aulas es lo último que trabajamos. Necesitamos metodologías que permitan a los estudiantes enfrentar problemas reales de su comunidad.
Entre las estrategias que considero más valiosas están el Aprendizaje Basado en Problemas -ABP- , el Aprendizaje Basado en Proyectos -ABPR- y el Aprendizaje Basado en Retos -ABR-. Son modelos que otros países aplican con éxito. No creo que debamos copiar sistemas extranjeros sin adaptación; cada país debe fortalecer su propio modelo educativo según su realidad.
César Fetzer integra inteligencia artificial y realidad virtual en la formación de estudiantes de la Escuela de Formación Agrícola. (Foto : Cortesía César Fetzer).
Para mí, la esencia de la enseñanza es la didáctica. Más que la metodología en sí, importa cómo se enseña. No es lo mismo explicar una fórmula en el pizarrón que llevar al estudiante a experimentarla en la cancha, medir, calcular y comprobar. Ahí ocurre el aprendizaje.
La creatividad del docente es clave. Yo aprendí de maestros que resolvían problemas con pocos recursos y entendí que la enseñanza debe centrarse en resultados, no solo en presentaciones vistosas. Lo importante es preguntarse: ¿qué aprendieron los estudiantes?, ¿qué habilidades desarrollaron?
Un ejemplo fue cuando el -INSIVUMEH- Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología de Guatemala, anunció una canícula en Alta Verapaz. Les planteé a mis alumnos un reto: si la sequía afecta sus cultivos, ¿qué solución propondrían? A través del aprendizaje basado en retos desarrollaron un hidrogel —un biopolímero que retiene humedad en las plantas y es resiliente al cambio climático—.
Ese proyecto obtuvo el primer lugar en el Festival de Ideas Innovadoras del departamento y, posteriormente, el reconocimiento nacional en educación agroambiental, en el premio GEMAS 2025. Yo solo fui el facilitador; ellos construyeron la solución.
Por eso sostengo que sí se puede innovar. Lo que se necesita es voluntad, creatividad y enfoque en resultados.

César Fetzer integra inteligencia artificial y realidad virtual en la formación de estudiantes de la Escuela de Formación Agrícola. ( (Foto : Cortesía César Fetzer).
¿En qué proyectos sigue usted trabajando?
Actualmente, trabajo en varios proyectos. Uno de ellos es el Club de los Lectoprofes, a través del cual brindo capacitaciones y procesos de team building —construcción de equipos— enfocados en el desarrollo educativo. Soy coach educativo y he creado un programa dirigido a docentes para fortalecer sus metodologías y competencias.
También impulso el proyecto “Yo También…”, una iniciativa orientada a concientizar sobre el acoso escolar y a brindar herramientas para apoyar a las víctimas.
Además, desarrollo el programa Agrolectores, enfocado en promover la lectura mediante actividades formativas dentro del contexto agroeducativo.

Fetzer fue seleccionado entre 50 finalistas del Global Teacher Prize 2026, considerado el nobel de la educación. (Foto : Cortesía César Fetzer).
Gracias por acompañarnos hasta el final de esta historia.
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