En su primera Navidad al frente de la Iglesia católica y durante su primera bendición Urbi et Orbi, el 25 de diciembre, el papa envió un mensaje de paz, instando a rechazar el odio, fomentar la reconciliación entre familias, amigos y naciones, y a trabajar por la resolución de los conflictos globales.
Previo a la bendición Urbi et Orbi, León XIV dirigió un mensaje navideño a los feligreses en diez idiomas, lleno de alegría y buenos deseos, celebrando la festividad.
“Ahora les traigo un mensaje de felicitación en varios idiomas”, expresó el papa ante miles de asistentes en la plaza de San Pedro, desafiando la lluvia, comenzando en italiano: “¡Feliz Navidad! Que la paz de Cristo llene sus corazones y sus hogares”.
El papa también extendió sus felicitaciones navideñas en francés, inglés, alemán, español, portugués, polaco, árabe, chino y latín, desde la logia central de la basílica, donde fue presentado como pontífice el 8 de mayo.
En esta primera Navidad como papa, sus mensajes se centraron en llamados a la paz y en recordar a aquellos que sufren.
En su mensaje navideño, solicitó este jueves “justicia, paz y estabilidad para el Líbano, Palestina, Israel y Siria”, y que se encuentre “el valor para dialogar de manera sincera, directa y respetuosa” para poner fin al conflicto en Ucrania.
Robert Prevost afirmó que “cada uno de nosotros puede y debe hacer lo que le corresponde para rechazar el odio, la violencia y la confrontación, y fomentar el diálogo, la paz y la reconciliación”.
El papa pidió rezar “especialmente por el pueblo ucraniano, para que el estruendo de las armas cese y las partes involucradas, con el apoyo de la comunidad internacional, encuentren el valor para dialogar de forma sincera, directa y respetuosa”.
Rogó por “paz y consuelo para las víctimas de todas las guerras que se libran en el mundo”.
Jesús “asume nuestra fragilidad, se identifica con cada uno de nosotros: con aquellos que han perdido todo, como los habitantes de Gaza”, o “con quienes sufren hambre y pobreza, como el pueblo de Yemen”.
Recordó a “quienes huyen de su hogar en busca de un futuro en otro lugar, como los muchos refugiados y migrantes que cruzan el Mediterráneo o recorren América; con aquellos que han perdido su empleo y con quienes están en busca de uno”.
Y a “tantos jóvenes que enfrentan dificultades para encontrar trabajo; con quienes son explotados, como los innumerables trabajadores mal remunerados; con aquellos que están encarcelados y a menudo viven en condiciones inhumanas”.
Mientras tanto, en la homilía de la misa de Navidad —que no se celebraba desde 1994—, Prevost afirmó: “¿Y cómo no pensar en las tiendas de Gaza, expuestas desde hace semanas a la lluvia, al viento y al frío, y en las de tantos otros desplazados y refugiados en cada continente, o en los refugios improvisados de miles de personas sin hogar en nuestras ciudades?”.
Y añadió: “Frágil es la carne de las poblaciones indefensas, probadas por tantas guerras en curso o ya finalizadas, que han dejado escombros y heridas abiertas”.
“Frágiles son las mentes y las vidas de los jóvenes obligados a tomar las armas que, estando en el frente, advierten la insensatez de lo que se les pide y la mentira que impregna los rimbombantes discursos de quienes los envían a morir”, concluyó el pontífice de origen estadounidense y peruano.
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