¿Pero qué hay detrás de su origen y su historia? Especialistas analizan el nacimiento de algunas de las recetas más icónicas de esta temporada.
Las comidas de esta época son una fusión de recetas que abarcan desde lo antiguo hasta lo contemporáneo, según el investigador Luis Villar Anleu. “Por ejemplo, el tamal es un platillo milenario, con miles de años de historia, mientras que otras bebidas y platillos se añadieron después de la conquista”, menciona.
En las celebraciones navideñas guatemaltecas, es habitual encontrar frutas secas, nueces y dátiles: nueces, almendras, avellanas, pistachos. Estos ingredientes tienen un claro vínculo con la dieta árabe y las culturas del Mediterráneo oriental.
Bebidas de Nochebuena
Las bebidas típicas de la Navidad se originan en una costumbre antigua: esperar la Nochebuena disfrutando de algo caliente. ¿Qué se podía beber caliente en tiempos pasados? El chocolate, sin duda. Actualmente, también se incluye el ponche.
De acuerdo con Villar Anleu, en tiempos antiguos se empezó a elaborar una bebida que originalmente no se conocía como ponche. En algunas áreas del occidente del país, hasta el día de hoy, no se le denomina así. “En ciertos lugares, si usted pide ‘ponche’, le servirán un batido de leche con huevo, canela y, a veces, licor. Es una bebida diferente, aunque también asociada a la Navidad. En la ciudad de Guatemala, el ponche generalmente es una bebida a base de frutas, sobre todo piña”, añade.
El caliente de piña contenía piña, canela, clavo de olor, pimienta, azúcar y frutas de temporada como manzana y pera. Con el paso del tiempo, la receta se ha enriquecido: algunos le añaden coco rallado, papaya o plátano.
En la actualidad, el ponche carece de una definición culinaria estricta, ya que varía mucho según la receta familiar y las influencias culturales. Por ejemplo, el coco refleja la herencia de la cocina garífuna. Cada hogar tiene su propia versión.
En la parte occidental del país, es común incluir manzana, esa misma fruta que aparece en los nacimientos, rosarios decorativos y árboles de Navidad, y que aporta un aroma distintivo.
Hay una creencia antigua: los humanos comparten alimentos con Dios como un acto de ofrenda. Se ofrece comida y, a cambio, se espera recibir bendiciones, paz y bienestar. Por ello, estos platillos adquieren un significado simbólico y sagrado.
El tamal navideño
Los tamales han sido mencionados en crónicas del siglo XVI. Se envuelven en hoja de maxán o de plátano. Generalmente, se elaboran con masa de maíz blanco y se rellenan con carne de chompipe, gallina o cerdo, acompañados de recado rojo. El tamal navideño incluye ingredientes adicionales, como aceitunas, según la chef Euda Morales.
Su nombre proviene del náhuatl tamalli, que significa ‘envuelto’. Durante la temporada navideña, también se elabora el tamal negro, endulzado con azúcar o panela, y decorado con almendras, pasas o ciruelas. Puede incluir mole o chocolate, según El sabor chapín, diccionario gastronómico guatemalteco.
El pavo en la mesa guatemalteca
El pavo —llamado en Guatemala chompipe o chunto— tiene una presencia ancestral en la región. La chef y arqueóloga Regina Moraga señala que está representado en códices, vasijas, glifos y paneles mesoamericanos, como el Códice de Madrid y el de Dresde, donde se observa a una deidad decapitando uno, acompañado de bolas de masa con recado.
La revista Arqueología Mexicana menciona que, hace aproximadamente seis mil años, comenzó a transformarse la relación entre los humanos y el pavo, también conocido como guajolote en otras regiones.
Hoy en día, el pavo es parte de diversos platillos guatemaltecos, desde el kak’ik en las Verapaces, hasta recados, tamales y otras preparaciones típicas de la Navidad y el Año Nuevo.

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