Ayer, a las 15:20 horas, se produjo una tragedia cuando estallaron tres bombas Molotov que portaban los invasores. Entre las víctimas se encontraban el exvicepresidente Eduardo Cáceres Lehnhoff, el excanciller Adolfo Molina Orantes, dos diplomáticos españoles, cinco mujeres del personal administrativo, una visitante y 27 supuestos campesinos que habían tomado el lugar horas antes, quienes perdieron la vida carbonizados en el incidente.
En un trágico suceso, perdieron la vida los diplomáticos y el personal de la embajada, entre ellos Jaime Ruiz del Árbol, quien ocupaba el cargo de secretario. Sin embargo, el embajador de España, don Máximo Cajal y López, logró escapar por pura fortuna, al igual que el licenciado Mario Aguirre Godoy, quien había abandonado el lugar apenas unos minutos antes de la explosión. También logró sobrevivir el pequeño Jaimito Ruiz del Árbol, de solo 6 años, hijo del desafortunado segundo secretario.
Los sucesos
Ayer, a las 11 de la mañana, un contingente de aproximadamente 30 individuos, tanto hombres como mujeres, irrumpió de manera inesperada en la Embajada de España, ubicada en la 10a. calle 6-20, zona 9. Allí, anunciaron que todas las personas presentes en ese instante serían consideradas rehenes.
Los licenciados Cáceres Lehnhoff y Molina Orantes, junto con el doctor Aguirre Godoy, se encontraban en la embajada para reunirse con los diplomáticos mencionados, lo que los llevó a quedar atrapados en la situación. Alrededor de las 11:15, llegaron al lugar unidades de la policía, compuestas por agentes tanto uniformados como de civil, quienes, utilizando megáfonos, exigieron la rendición de los ocupantes. Aproximadamente 40 minutos más tarde, el embajador español tomó el control de los altavoces de los ocupantes para solicitar a las fuerzas de seguridad que se retiraran, ya que se estaban preparando negociaciones.
El embajador no recibió respuesta de las fuerzas de seguridad ante su solicitud. Un gran número de agentes policiales comenzó a ingresar en la embajada, mientras que otros mantenían sus armas apuntando hacia las puertas y ventanas del lugar. Uno de los presentes en la sede lanzó un grito advirtiendo que, si la policía no se retiraba, estaban listos para enfrentar cualquier desenlace, incluso dispuesto a morir junto a los rehenes.
Las fuerzas policiales persistieron en su ingreso a la sede, donde encontraron alimentos, medicamentos y golosinas que habían sido traídos por los ocupantes. Además, los oficiales descubrieron seis artefactos incendiarios, compuestos por botellas de gasolina, caucho, mechas y “wipe”. Con el paso del tiempo, alrededor de las 14 horas, el doctor Mario Aguirre Godoy emergió de la sede, siendo trasladado en un automóvil, mientras un centenar de curiosos contemplaban la escena con asombro.
A las 15:20, resonaron dos detonaciones y, de repente, se notó una densa columna de humo que emergía de una de las ventanas de la embajada. En ese instante, el embajador español apareció, con quemaduras visibles en su rostro y manos, habiendo logrado escapar de manera asombrosa. El caos se desató en forma de gritos, pero uno o dos minutos después, el lugar quedó sumido en un profundo silencio.
*Portada de la edición 8679.
Escribir la historia
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