Haroldo Zamora, director del Archivo General de Centroamérica, y Carolina Ferrer, asistente de dirección de la misma institución, ingresan a uno de los salones del recinto, equipados con mascarillas y guantes quirúrgicos, para presentar un auténtico tesoro: el Acta de la Independencia de Centroamérica.
Este documento se encuentra encuadernado junto a otros textos conocidos como Juramentos de los pueblos, que provienen de la época de la firma. Está protegido por un cartón libre de ácido y forrado con pellium, un material que resguarda del polvo. Además, se asegura con cinta de castilla de un grosor específico para evitar daños en los bordes de la encuadernación, como explica Ferrer.

Zamora asegura: “Contamos con un protocolo autorizado por un acuerdo ministerial para manejar los documentos. Es necesario usar mascarillas que impidan que partículas de saliva puedan dañarlos”. El director también menciona que otra de las medidas a seguir es no tomar fotografías con flash.
El historiador Miguel Alfredo Álvarez, director del Museo Nacional de Historia, que acompaña la visita, comenta: “Podemos verificar que está perfectamente conservada y bien cuidada”.

En marzo de este año, junto con otros cuatro documentos históricos manuscritos, el gobierno anterior estableció, a través del Acuerdo Ministerial 768-2022, una extensión del archivo para exhibir estas piezas en el Museo Nacional de Arte de Guatemala (Munag). Durante los procesos de salida y retorno del archivo, según menciona Zamora, siempre hubo apoyo del Departamento de conservación y restauración de bienes muebles (Cerebiem).
La historia del hallazgo y la conservación
Después de 1821, pasaron varias décadas antes de que alguien se cuestionara sobre el paradero del acta. Miguel Álvarez explica que este documento estatal estuvo protegido en lo que entonces se conocía como Archivo General de la Nación. Asegura que, con motivo del centenario de la Independencia en 1921, se organizó una exposición en el Palacio de Cartón con objetos relacionados con la emancipación política, pero el acta no estuvo disponible a tiempo.
Curiosamente, el hecho de no haber sido localizada pudo haberla salvado. “La historia no contempla lo que no ocurrió, pero podemos reflexionar: si hubiera estado en 1921, probablemente la habrían llevado al Palacio de Cartón, donde hubo un incendio que destruyó todo… podría haberse perdido”, señala el historiador.

El acta fue hallada desorganizada y no fue hasta que los historiadores José Joaquín Pardo y Pedro Pérez Valenzuela comenzaron a clasificar documentos en el archivo que, por casualidad, el 15 de enero de 1934, encontraron el acta. “Fue un rescate”, subraya Zamora. Desde entonces, comenzó a recibir atención y se le clasificó dentro del archivo.
En 1971, con el objetivo de proteger y conservar el acta, se decidió encuadernarla y laminarla. “En ese tiempo se consideró que era una de las mejores acciones de conservación que se podían llevar a cabo”, menciona el director del archivo, quien reconoce que los criterios de conservación han evolucionado con el tiempo.
En el ejemplar encuadernado, hay una anotación que dice: “El trabajo de laminación de estos valiosos documentos se realizó en el departamento de conservación del Archivo General de Centroamérica el 4 de marzo de 1971 y concluyó el 27 de agosto del mismo año. Las instrucciones para esta labor y sus diferentes procesos fueron proporcionadas por el director historiógrafo Arturo Valdés Oliva, y la ejecución material estuvo a cargo del experto técnico restaurador Leonel Zarazúa Ramírez, quien cursó una especialización en la universidad de México sobre los distintos aspectos de este trabajo.”

Un documento fundamental
“Es importante entender que el Acta de la Independencia es un documento de Estado, e incluso algunos folios están impresidos en papel del reinado de Fernando VII de España, correspondiente a los años 1820 a 1821. Esto es lo que hoy conocemos como papel sellado. Todo el lenguaje del acta sigue un protocolo oficial y quienes participaron eran funcionarios”, afirma Miguel Álvarez.
El historiador destaca que la independencia en Guatemala se diferenció de la de otros países porque no surgió a raíz de una guerra. “Fue un acto de pacto. Nació de un plan pacífico, por lo que no hubo derramamiento de sangre. La sangre llegó después de la independencia, no por parte de los españoles, sino entre los mismos centroamericanos”, explica. Añade que se utilizó el término próceres para referirse a los personajes involucrados, que provenían de diversas corrientes. “Entre los próceres encontramos funcionarios de Estado, algunos españoles, otros criollos y mestizos. De diferentes corrientes, pero todos se agrupan bajo este nombre”, enfatiza.
Asegura que el Acta de Independencia puede considerarse como la “Fe de edad de Guatemala”, ya que a partir de su firma se iniciaron los procesos que llevaron al país a convertirse en una República.
De los 18 artículos que componen el acta, el historiador destaca los siguientes puntos:
- La declaración de la Independencia absoluta, que estaba condicionada a la aprobación de un congreso.
- La creación del congreso, con miembros de todas las diputaciones provinciales que componían el Reino de Guatemala y que estaba integrado por un diputado por cada 15 mil habitantes. Siguiendo el proceso que se había hecho para los constituyentes a Cádiz, el congreso tenía que establecerse en la Ciudad de Guatemala a más tardar el 1 de marzo de 1822.
- El acta también contempla el nombramiento de una Junta Provisional Consultiva, la cual tenía que entregar sus cargos el día que se instalara el congreso.
- A propósito de la celebración, se deja asentado en distintos puntos del documento que debía realizarse una misa, un acto organizado por el Ayuntamiento y acuñarse una moneda.
- También se incluyeron cláusulas referentes a las normas a seguir con base en la declaración, tales como el respeto irrestricto a la Iglesia católica.
- Además, se instruyó que debían hacerse impresiones del acta, junto a un manifiesto que tenía que enviarse a todas las diputaciones provinciales.



Álvarez menciona que tanto la primera impresión del acta como el manifiesto se encuentran en el Museo Nacional de Historia, que él dirige. “No están en exhibición, pero están bajo resguardo”, enfatiza. Agrega que una curiosidad es que en el acta original no se incluyó el inciso 9, mientras que en la primera impresión ya figura. “Lo positivo fue que no alteraron la original para corregirla”, comenta el historiador.

El historiador señala que para difundir la noticia en todo el territorio también se utilizaban los llamados bandos, que se leían en diversas poblaciones y luego se fijaban en lugares visibles. En el documento también se instruía a los ciudadanos sobre las normas que debían seguir, conforme a lo establecido. De este documento también hay una copia en el Museo Nacional de Historia.

Álvarez indica que, después de la firma, se emitió una orden para que todos los españoles que residían en Guatemala juraran ante el acta. “Podían vivir en Guatemala, pero ya no bajo la autoridad del rey, sino bajo la del nuevo gobierno”, aclara.
—-
Se puede visitar
El director del Archivo General de Centroamérica menciona que aunque el Acta de la Independencia no es una pieza de exhibición, tanto guatemaltecos como extranjeros interesados en conocerla pueden hacerlo si cumplen con los protocolos. Ferrer señala que para acceder a este documento es necesario presentar una carta de solicitud dirigida al director de la entidad, junto con el DPI o pasaporte.
Además, los funcionarios exponen que en el segundo nivel del recinto se encuentra un facsímil del acta que puede apreciarse sin necesidad de realizar la gestión anterior. El Archivo General de Centroamérica está ubicado en la 4ª avenida 7- 41 zona 1 y abre sus puertas de lunes a viernes, de 8 a 16 horas.
Gracias por acompañarnos hasta el final de esta historia.
Desde Referente Guatemala Creemos que la información también nos ayuda a comprendernos mejor como sociedad y a observar con mayor atención lo que ocurre a nuestro alrededor.








