La escritora guatemalteca Cindy Barascout, con una narrativa que fusiona la ficción visionaria y el realismo mágico contemporáneo, sigue consolidándose en el panorama internacional con un universo literario singular.
Con más de 15 años de trayectoria en la creación literaria y un catálogo de más de ocho obras publicadas, Barascout ha alcanzado proyección internacional gracias a su trilogía El juego de los Cristales, un mundo que entrelaza misterio, aventura y simbolismo.
A partir de este proyecto literario, Barascout aspira a ampliar su obra no solo en el ámbito editorial, sino también a explorar la posibilidad de adaptaciones cinematográficas en el futuro. Mientras tanto, se alista para presentar su universo narrativo en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires y en diversas ferias del libro en España.
¿Cómo surge su viaje por la literatura?
Todo comenzó a los 16 años. Durante un viaje familiar, mientras buceaba con mis seres queridos, estaba en el muelle esperando la lancha cuando, de repente, como si un rayo me hubiera impactado, empecé a tener visiones de una civilización sumergida.
Pasando mucho tiempo bajo el agua y siendo aún muy joven, me permitía imaginar libremente ese mundo narrativo. Mi sensibilidad y el entorno marino facilitaron el acceso a lo que estaba sintiendo.
Lo describo como una especie de descarga, porque no solo fue lo que vi, sino también lo que sentí en mi imaginación. Esa experiencia me llevó a concebir una historia en mi mente. Recuerdo que era Año Nuevo y, mientras mi familia discutía sus objetivos para el año, respondí que el mío era escribir un libro titulado El libro perdido de Jacques-Yves Cousteau, un personaje que ha sido una de mis grandes fuentes de inspiración.
Ver de cerca cómo los arrecifes que antes estaban repletos de vida —tortugas y corales— aparecían de repente muertos me generó una serie de emociones, pero también una fuerza interior. Esa vivencia me impulsó a explorar mi primera novela, El libro que Salvó al Mar, que narra la historia de una civilización oceánica.
Nunca reflexioné demasiado sobre ello; era una mezcla de inocencia y determinación. Con el tiempo comprendí que, si deseaba compartir esta historia con el mundo, sería un camino arduo que requeriría fe, confianza y un gran esfuerzo.
Esa determinación me llevó a estudiar periodismo en Guatemala. Sin embargo, sentía la necesidad de viajar y descubrirme a mí misma, lo que me llevó a Buenos Aires, Argentina, donde descubrí que era posible vivir de la literatura y las artes.
¿Existen elementos de la cultura guatemalteca en su literatura?
Definitivamente, incluyo una parte de nuestra cultura en mis obras. Por ejemplo, en mi tercera novela de El juego de los cristales, titulada Red 333, la trama se desarrolla en el lago de Atitlán. La inspiración surgió del tiempo que pasé en San Marcos La Laguna, donde pude apreciar cómo el lago es un ser vivo, lleno de historias.
Para mí, el lago me llamó. Llegué durante la pandemia con la intención de quedarme tres meses y terminé viviendo allí cuatro años, sin imaginar que ese lugar me transformaría profundamente. Sentí que mi sistema nervioso se relajaba y viví experiencias intensas: sueños lúcidos, vivencias espirituales y recuerdos que parecían cobrar vida.
En la novela, hablo de la vida pasada de una guerrera maya que no cumple su misión durante la conquista española y que, en una reencarnación moderna, retoma esa misión.
Desde mi literatura, busco mostrar cómo Guatemala es un lugar extraordinario, a menudo subestimado, pero donde aún perduran tradiciones ancestrales que hablan de la conexión con la tierra, los elementos y lo espiritual.
En mis escritos también menciono lugares como Cobán y la Franja Transversal del Norte, además de paisajes que, para mí, simbolizan un edén que representa a Guatemala.
Cindy Barascout impulsa su trilogía ‘El juego de los cristales’, una saga que entrelaza misterio, aventura y simbolismo inspirados en Guatemala.
¿Cuántos libros ha escrito y cuál ha sido el más personal?
He escrito aproximadamente nueve o diez libros. En el ámbito de la ficción, y específicamente en la trilogía, son tres, aunque ya tengo la premisa de un cuarto.
No podría señalar cuál es el más personal, ya que considero que cada uno representa una fase distinta de mi vida. Al principio pensaba que eran libros independientes, pero con el tiempo comprendí que forman parte de un mismo universo narrativo, similar a lo que ocurre con El señor de los anillos o Harry Potter.
Principalmente, mi trilogía representa una etapa de exploración que me ha marcado. Sin haber buscado crear un universo entre las historias, al final terminaron entrelazándose.
¿Qué busca provocar en los lectores?
Aspiro a que se asombren, que se conozcan y que recuerden lo poderosos que somos. También deseo que aquellos que se han sentido inadecuados o como la ‘oveja negra’ no lo vean como algo negativo, sino como una señal de algo distinto y valioso: talentos o poderes que aún están en estado latente.
A menudo reflexiono sobre mi infancia, en los momentos en que me sentía más triste, incomprendida o desconectada.
Creo que mucho de lo que escribo nace de mi niña interior, de recordar los momentos difíciles y de pensar en cómo me hubiera gustado tener libros que me dieran herramientas para creer en mí misma. Libros que me ayudaran a entender que ser diferente no es algo negativo, sino que, al contrario, puede ser una de las cosas más maravillosas que nos pueden ocurrir.
La escritora Barascout se prepara para presentar su obra en ferias internacionales del libro (Foto: cortesía Charlie Orellana)
¿Cómo fue escribir con la arqueóloga Mary Lou Ridinger?
El trabajo con Mary Lou Ridinger fue, ante todo, un ejercicio periodístico. A través de esta colaboración exploramos la riqueza del jade maya, lo que me permitió conocer sus múltiples virtudes y comprender el contexto que rodea la extracción de este mineral.
El proceso creativo no fue complicado, ya que ella me proporcionó abundante material de investigación —revistas, libros y documentos— que sirvió de base para, desarrollar el contenido de Piedra de reyes II. Durante la investigación también abordamos temas sensibles relacionados con la explotación del jade, lo que incluso llegó a representar ciertos riesgos para nosotras.
El libro que publicamos hace aproximadamente un año contiene solo una parte del material original. Podría decirse que representa cerca del 30% de lo que inicialmente planeábamos publicar. Por razones de seguridad, decidimos omitir parte de la información, ya que se trata de un tema delicado. Aun así, logramos mostrar la importancia cultural y simbólica del jade.
Durante el proceso también encontramos paralelos con lo ocurrido en Birmania, donde la explotación del jade generó graves problemas de corrupción y destrucción ambiental. Ese caso funciona como una advertencia para Guatemala y evidencia la necesidad de proteger este recurso.
Participar en este proyecto fue una experiencia muy valiosa. Sin embargo, todavía siento que quedó mucho por contar. Ojalá en el futuro exista un contexto que permita publicar con mayor libertad todo lo que rodea este tema.
¿Cuál es el futuro de Cindy Barascout?
Cindy Barascout acaba de coescribir un guion con el director guatemalteco Javi del Cid, cuya película se produce en México. Esa experiencia abre una nueva etapa en su trayectoria y refuerza su interés de llevar sus libros al cine. En el corto plazo, la escritora busca expandir su trilogía a distintos mercados internacionales y a otros idiomas.
A mediano plazo, su meta es convertir sus historias en productos audiovisuales, ya sea mediante la adaptación de sus libros a guiones o la construcción de un universo narrativo en otras plataformas.
A largo plazo, Barascout aspira a impulsar una infraestructura que facilite la creación y circulación de historias. Su propósito es contribuir a que Guatemala se proyecte como un país de narradores con obras de impacto, además de brindar herramientas a quienes desean iniciarse en la literatura y hacerles más accesible ese proceso.
Gracias por acompañarnos hasta el final de esta historia.
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