El escenario transformó mi vida; allí descubrí mi verdadera esencia”, comenta uno de los íconos del stand-up comedy en Guatemala. Durante más de 11 años, ha edificado su trayectoria a partir de emociones y experiencias personales, que convierte en monólogos con el propósito de hacer reír y conectar con su audiencia.
A pesar de que sus comienzos estuvieron marcados por la escasez de espacios y oportunidades en el ámbito de la comedia, su tenacidad le permitió superar obstáculos, presentar su trabajo en otros países y convertirse en uno de los comediantes más destacados en Guatemala.
De actuar en escenarios improvisados para probar chistes y monólogos, logró establecer su propio proyecto con la residencia ‘Amor de mi vida’ en Antigua Guatemala. Actualmente, su trayectoria en el stand-up prosigue con el objetivo de representar a Guatemala a nivel internacional, demostrar que en el país hay talento y abrir puertas para nuevas generaciones de comediantes.
¿Cómo nace su interés por la comedia y el stand-up?
Descubrí la comedia de manera accidental. En 2015, mientras trabajaba en una aseguradora, la tensión me llevó a buscar una alternativa a la rutina que también me ayudara a especializarme en algo. Tras asistir a una charla de un chileno, me surgió la idea de aprender a hablar en público para ganar seguridad y mejorar mi narrativa al dar discursos.
Esto me llevó a buscar un curso de oratoria, pero no encontré ninguno en Guatemala. Más tarde, encontré en redes sociales el temario de un curso de stand-up comedy en España, que abordaba cómo captar la atención, estructurar temas y ganar confianza en el escenario. Me pareció que se ajustaba a lo que necesitaba. Luego, encontré un curso en Guatemala que me impulsó a sumergirme en el stand-up.
Me sorprendió al llegar al curso descubrir que estaban reclutando comediantes. Fue el estrés laboral y mi deseo de liberarme de la tensión lo que me motivó a participar, sin saber que allí hallaría mi verdadera pasión.
Meses después, me presenté por primera vez en un escenario, en septiembre de 2015. Recuerdo la adrenalina increíble que sentí, similar a la de un futbolista que anota un gol. En ese momento comprendí que esto era lo mío. Hacer reír a las personas me motiva y ha sido el motor que me ha mantenido en esta carrera durante más de 11 años.

Con más de una década de trayectoria, Juan Pablo Amado se ha consolidado como un referente del monólogo cómico guatemalteco. (Foto: cortesía Brandeable)
¿De dónde viene su inspiración para escribir comedia?
Sin duda, mis chistes y monólogos surgen de mis vivencias y emociones. El stand-up es una comedia basada en la observación, ya sea interna o externa. En mi caso, utilizo mucho la observación emocional: busco momentos que me generen nervios, sorpresa, enojo, tristeza o alegría, los anoto y desde ahí surge la inspiración.
Se dice que la comedia es ‘verdad + dolor + tiempo’, por lo que para escribir algo, debe basarse en experiencias conocidas. No siempre se trata de un dolor profundo, pero sí de situaciones que te hayan afectado emocionalmente y que, con el tiempo, puedas relatar sin que te duela.
Cuando se analiza y se trabaja desde la perspectiva de la comedia, esas emociones se convierten en risa. Todo implica un proceso, porque para escribir también hay que aprender, entender el lenguaje de la comedia y desarrollarlo en función de eso y del estilo personal.
¿Cuáles han sido los momentos más emblemáticos en su carrera?
Cada vez que uno se presenta en el escenario es una experiencia única, pero hay momentos que marcan. El primero, sin duda, fue mi debut. Sentí una adrenalina increíble y comprobé que podía hacer reír a la gente.
Otro momento significativo fue cuando realicé mi primer espectáculo de una hora, dos años después. Me di cuenta de que podía mantener una rutina larga y entretener al público, aunque hoy en día me resulta incómodo. Sin embargo, me ayudó a superar un nuevo desafío.
En 2016, al abrir el show de Franco Escamilla frente a mil personas, fue otro momento revelador. Allí comprendí cómo quería que fueran mis espectáculos: con pantallas, staff, todo bien organizado, como un concierto. Sin duda, marcó un antes y un después en mi carrera.
¿Cómo fue su primera experiencia fuera de Guatemala?
La primera vez que me presenté fuera del país fue en 2016, en un festival en El Salvador, en el Teatro Luis Poma. Recuerdo que, para prepararme, investigué sobre el contexto del país, adapté mi material y funcionó. Ese momento me brindó confianza: comprobé que mi comedia podía ser universal.
La mayor prueba llegó en 2018, cuando me presenté en Miami. El público era argentino, colombiano, venezolano, peruano… representaba un escenario completamente distinto. Recuerdo que estaba tan nervioso que tenía náuseas, pero al subirme, todo fluyó.
Escribí material específico para ese show y fue un éxito. En ese instante, sentí que me gradué como comediante. Luego, me presenté en un festival en Toronto, ante cientos de personas, y al escuchar sus risas estruendosas pensé: ‘Esto es real’.
¿Cómo ha sido el proceso de posicionar el stand-up comedy en Guatemala?
Como todo emprendimiento en Guatemala, ha sido complicado, pero creo firmemente que, cuando uno está apasionado, encuentra la manera de seguir adelante, incluso ante los obstáculos.
La comedia es mi vocación. Ha sido un camino difícil, pero también he encontrado personas que creen en mí, lo que me ha motivado a continuar. Además, estoy convencido de que el país necesita reír, necesita sanar a través del humor, y el stand-up es una herramienta poderosa para lograrlo.
¿Cómo cambió su vida el stand-up?
De niño, soñaba con ser futbolista. Y sí, era bueno, pero me faltó determinación y apoyo. Entre los 20 y 30 años viví sin rumbo, persiguiendo sueños ajenos. Fue al encontrar la comedia que realmente me reencontré conmigo mismo.
Siempre hacía reír a la gente. Muchos me decían que probara el teatro, pero fue en la comedia donde encontré mi pasión. Llevo 11 años en esto, y ha sido el único sueño al que he sido fiel. Me ha llevado a ser disciplinado, a hacer oídos sordos a quienes decían que no se podía vivir de la comedia en Guatemala. Me escuché, seguí mi intuición y aquí estoy: viviendo de hacer reír.
¿Cuáles son sus metas a futuro?
Primero, representar a Guatemala dignamente en el extranjero. Quiero que en otros países se diga: “Guatemala tiene comedia de nivel”. Recuerdo que en los primeros festivales se burlaban de Guatemala, pero cuando subí al escenario y se mataron de la risa, se callaron.
También quiero construir una plataforma para nuevos comediantes. Tengo 11 años de experiencia, y quiero transmitirla. Estoy en el sueño de establecer una productora formal que active la economía y genere oportunidades reales para otros comediantes.
¿Qué viene para su carrera este 2026?
Estoy con una residencia todos los viernes y sábados de febrero en Casa Santo Domingo, en Antigua Guatemala, presentando mi espectáculo Amor de mi vida. Es la primera vez que se hace algo así, por lo que tengo grandes expectativas.
También estamos planeando una gira por California y por todo el este de EE. UU. Y en agosto viene un nuevo proyecto, con un formato diferente, pero siempre ligado al humor. Para cerrar el año, quiero hacer un show importante celebrando mis 11 años de carrera.
Gracias por acompañarnos hasta el final de esta historia.
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